Bendita música, bendita adicción


Ponte a pensar por un momento que no existe la música; ahora, piensa en un día normal.

Te despiertas (con esa maldita y odiada melodía del despertador que acaba con nuestro querido sueño); te duchas (con música, por supuesto, que sino se nos cierran los ojos en plena ducha); desayunas; blablabla blablabla y coges el metro, bus o jet privado los más afortunados (y cómo no, con la música puesta y ahora más fuerte todavía para que nuestro cerebro por fin se de cuenta de que el día ha empezado), etc, etc, etc… Días, días y más días junto a canciones, nuestra vida en compañía constante de la música, hasta que algún día los auriculares se nos queden incrustados en los oídos y ya sean una parte más de nuestro cuerpo.

¿Y qué tendrá la música señores? Eso nos preguntamos todos, y no, todavía no lo sabemos, pero que bien sienta escucharla en cualquier momento y que buenos ratos nos hace pasar. ¿O no?

musica_un_festival_por_dentro

¿Salir de fiesta sin música? ¿Que sería eso? Y hablando de fiesta he de nombrar ese momento en la discoteca en el que ponen tu canción (tu momento de auge total) y te conviertes en una especie de orangután con hiperactividad que no para de bailar y de hacer movimientos raros, muy raros. Esos conciertos en los que te quedas sin voz de tanto cantar y sin pies de los saltos que pegas. Esos festivales veraniegos en los que podríamos vivir continuamente y que echamos tanto en falta ahora. Esos gritos que pegamos al ver el grupo que nos gusta (ay…fan fatal). Esas cervezas de los viernes que tan bien sientan acompañadas de buena música. Los viajes interminables poniendo un cd tras otro. Ese momento en el que acabas las clases, el trabajo o lo que quiera que estés haciendo, te pones una canción y piensas “hola vida, he vuelto”.

¿Pero qué tiene? ¿Por qué no podemos dejar de escucharla? ¿Qué nos hará para que sea tan imprescindible en nuestro día a día?

No lo se, pero, bendita música.