Crónica Arenal Sound 2017: jueves y viernes


300.000 asistentes en la octava edición de Arenal Sound. Una edición donde la electrónica reina y el indie es apartado a pleno sol durante la tarde.

Salimos de Madrid pasadas las doce de la noche. Las puertas del camping abrían oficialmente a las 9 de la mañana. Pero para sorpresa de todos, el festival decidió abrir el camping sin previo aviso 9 horas antes, causando un enfado general considerable. A todo esto se sumó la lluvia, vieja conocida del festival.

Esta edición colgó el cartel de sold out convirtiéndose en una de las ediciones más multitudinarias de Arenal Sound. Y se notaba. Personas por todos lados, filas eternas para comprar bebidas, el Mercadona a reventar. Eso sí, lo de los cacheos exhaustivos que comentó el festival la semana previa… Un chiste. A la hora de la verdad apenas te miraban.

Pero bueno, aquí hemos venido a hablar de música.

PREFIESTA

A las dos de la tarde del martes arrancaba la fiesta en el Pool Stage, seguido de conciertos en el Thunder Bitch Stage (anterior Inside Stage). Piscina, playa, cerveza… La combinación perfecta para las tardes de calor de Burriana. Destacamos a los ingleses Coasts, que tuvieron una buena acogida para ser prefiesta y nos regalaron un show cargado de buenrollismo. Seguidos de los eufóricos Sexy Zebras, que se mostraron agradecidos de volver al festival, con un directo desenfadado que hizo saltar, como dicen ellos, a todos los “hijos de puta”.

El segundo día de prefiesta amanecimos cubiertos de nubes. Bely Basarte, Varry Brava y las Bistecs fueron los únicos que pudieron disfrutar este día del escenario. Dulceida abarrotó hasta tal punto el recinto que se cancelaron el resto de conciertos previstos, debido a avalanchas. La organización hablaba de “problemas técnicos”. Nos quedamos sin Ojete Calor debido a la gran afluencia de seguidores de la blogger (nos las pagarás, Dulceida, nos las pagarás).

JUEVES

El Desperados Stage quedaba inaugurado a las 19:40 con Miss Caffeína. Bajo un sol infernal, nos demostraron por qué su último álbum Detroit lleva ya tiempo en carretera. Un directo que ha evolucionado y mejorado considerablemente, pero con una puesta en escena que dejaba mucho que desear. Un cartel en pantalla sin gracia para un grupo que es a todo color. “Capitán”, “El Rescate” o “Mira como vuelo” sin olvidar el grito al amor y a la libertad de Alberto Jiménez, nos mantuvieron volando durante todo el concierto.

Lori Meyers tomó el relevo. Una puesta en escena de diez con la que están acompañando los directos de su último trabajo, En la Espiral. Y al igual que en el disco, abrieron con “Vértigo I”, tras una enorme pantalla de leds sobre el escenario, que dejaba ver a sus componentes a través de juegos de luces. Lori Meyers tiene himnos creados para ser coreados hasta el éxtasis en festivales: “Emborracharme”, “Mi Realidad”, “Luces de Neón”, “Aha ha vuelto” o “Alta Fidelidad”. Un cabeza de cartel que no defrauda.

En el Negrita Stage era el turno de Dinero. El grupo liderado por  Sean Marholm apuesta por la potencia contagiosa al ritmo de desgarradoras guitarras. Salieron a reventar el escenario agradeciendo estar allí por los pelos, tras una avería en la furgoneta de camino al festival. Su nuevo álbum Cero nos dejaba temas como “Mata Hari”, “Una Noche Más” o “Bajo Cero”. Una banda indispensable que ha vuelto a los escenarios pisando fuerte.

La noche avanzaba y llegaba el turno de Bastille, uno de los platos fuertes de la jornada del jueves. Ya habían pasado antes por el festival, dejando un mejor directo que el de esta edición. Un sonido lejano y sin fuerza. Al público parecía no importarle, el recinto estaba lleno de sounders que bailaban y coreaban todos los temas. Un setlist bien escogido que nos hizo vibrar con “Laura Palmer”, “Bad Blood”, “Blame”, “Of the Night” y un broche final perfecto con “Icarus” y “Pompeii”.

Pocos fuimos los valientes que cruzamos al escenario de la playa para ver a Dubioza Kolektiv, a pesar de ser uno de los shows más entretenidos que ha tenido esta edición. Los bosnios nos regalaron una auténtica fiesta de los balcanes, con una clase de “bosnia tango” incluida. Ska, reggae, dubstep, hiphop y rock mezclado con el más puro folklore bosnio. Aún me sale arena de los zapatos de este concierto.

Considerado por la revista DJ Mag el número 1 en 2016, el joven holandés Martin Garrix batió récords reuniendo a casi 60.000 personas en el recinto. Tras la actuación se vivió el enfado general del público, después de que la organización notificase que los conciertos terminarían una hora antes, y no a las 7 como todos los años (adiós al mañaneo).

VIERNES

El microclima debajo de los toldos nos hacia pasar horas infernales en el camping. Duchas infinitas, mucha cerveza y siestas en la playa para sobrevivir hasta la hora de los conciertos. Abría el Negrita Stage Viva Suecia. El público que comenzaba a llegar al recinto se unía poco a poco al buen rollo que desprendía el indie rock de los murcianos. Un sonido fresco el de este grupo que lleva tan sólo desde 2013 dando guerra y que de seguro volveremos a ver por Burriana.

Le seguía Sidonie y León Benavente. Este último, tuvo una audiencia bastante escasa para un show bastante sólido, de temas agresivos y letras contundentes. Han colgado el cartel de entradas agotadas en gran parte de los conciertos que han dado en su última gira, pero el grupo de Abraham Boba no brilló entre el público de Arenal Sound.

Con Jake Bugg claramente se podía observar que el público de esta edición no venía por el rock precisamente. Un artista que agota entradas y no alcanzó a llenar ni media pista del Desperados Stage. Pocos pudieron sentir la magia del joven inglés sobre el escenario, eso sí, la calidad de su concierto no se vio mermada lo más mínimo.

Con Nothing But Thieves nos quedamos a medias. Apenas había comenzado el concierto, el guitarrista abandonó el escenario sin despedirse. Conor Mason, cantante del grupo, informó al público de que el guitarrista se encontraba enfermo, pero decidieron seguir tocando a falta de una guitarra. No por mucho tiempo, pocas canciones después y a falta de 20 minutos para terminar, se despidieron. Muy agradecidos y con una amplia sonrisa en la cara. A pesar de haber estado incompletos, sonaron más potentes que muchas otras bandas del cartel. Chapeau.

El rap gabana al rock en esta octava edición de Arenal Sound. Sharif y Lágrimas de Sangre reunieron a un buen número de seguidores en primera línea de playa sobre el Thunder Bitch Stage.

Mientras tanto, los suecos de The Royal Concept volvieron a poner las cosas en su sitio. David Larson se paseó incansablemente por el escenario, por lo teclados, por el foso, comentando que era el show en el que más calor había pasado. Una entrega total del grupo al público, con un sonido espectacular, que nos hizo creer que no todo está perdido en Arenal Sound.

Las chicas de Icona Pop desataron la ocura en el Main Stage. Despidieron su concierto bajo un cielo de fuegos artificiales, dando paso al dj Fedde Le Grand.

En definitiva, una octava edición extraña. La esencia de Arenal Sound se va alejando edición tras edición. La electrónica manda y el indie es colocado a mitad de tarde. El público de esta edición escuchaba reggaeton y trap en sus horas de camping, y acudía al festival bien entrada la noche a los djs. ¿En qué te estás convirtiendo, Arenal?

¡Devolvedme el indie!

FOTO: Nerea Coll