Un Festival de Sitges pasado por agua (Parte 2)


Segunda parte de nuestra crónica del Festival de Sitges. Podéis leer la primera parte AQUÍ.

JUEVES: La hambrienta Raw triunfa junto con los emotivos pedos de Daniel Radlcliffe en Swiss Army Man.

Ya bien entradas las doce, nos disponíamos a ver el debut de los Daniels, conocidos en el medio musical como autores de videoclips tan notorios como Houdini, de Foster The People, My Machines, de Battles o el más célebre de todos, Turn Down for What, de Dj Snake. Los americanos presentaban su primer largometraje, Swiss Army Man (Premio a la mejor película en el festival de Sundance), con Paul Dano y el famoso Daniel Radlcliffe, que parece huir del encasillamiento que le supuso interpretar Harry Potter.

Swiss Army Man es una estridente y encantadora obra en cuya absurdidad y simpleza recae su grandeza. Una sinfonía de lo absurdo, cargada con dosis de crisis existencial, pero siempre filtrada por un optimismo que no fatiga y que sus detractores confundirán con infantil. Espectacular película de corte (y espíritu) independiente que se alzó como ganadora del certamen tras una efusiva recepción.

Después de tal shock emocional con una película que rebosaba amabilidad, la danesa Shelley resultó ser todo lo contrario. Un cuento tenebroso, perverso y macabro acerca de un embarazo maldito que recuerda al mejor Polanski. Ali Abassi teje una sólida narración en la que todo es sugerido, austero y aterrador. Seductora e inquietante fábula sobre la pérdida y la gestación.

Sin movernos del Meliá, era el turno del que se presentaba como uno de los títulos más cachondos y absurdamente bizarros del festival, Hardcore HenryDemente festín de acción caótica en primera persona (Sí, habéis leído bien) que resulta una experiencia zafia y espectacular, una mirada primitiva (aparentando modernidad) hacia el cine de atracciones. Su condición, divertida y burlona se agota hacia la media hora, aunque no deja de ser un viaje la mar de divertido.

En todo festival siempre hay un film que destaca, un film que normalmente lleva tras suyo la estela del éxito recogido en otros festivales. En Sitges, pasa cada año, en ediciones anteriores el festival ha acogido títulos muy queridos como It Follows (2014), Green Room (2015) o Drive (2011), entre otras. Este año era la francesa, Raw (Grave), la que se llevaba ese título, una película especial cuyo bizarro argumento (una chica vegetariana se convierte en caníbal) provocó desmayos en Cannes y Toronto.

Y es que la cinta de la debutante Julia Ducornau no es para menos. La mejor película del festival surge como un cruce entre las peores pesadillas de Dario Argento filtrado por el estilo excéntrico y estridente del nuevo extremismo francés (Martyrs, 2008 de Pascal Laugier o Irreversible, 2002 de Gaspar Noé). Una obra maestra que explora la perdida de la inocencia y la búsqueda de la identidad sexual en una sociedad que la autora francesa condena como reprimida y fatídica. Con unas valientes interpretaciones y una puesta en escena para enmarcar, Raw me pareció la mejor obra del festival.

VIERNES Y SÁBADO: Nicolas Winding Refn nos regala su polémica de neón y Malick aburre con su pomposa visión del universo.

El danés Nicolas Winding Refn quizá sea de las figuras más controvertidas dentro del panorama autoral actual. Alabado y convertido en habitual del festival desde su Bronson (2008, que supuso el descubrimiento de Tom Hardy), Refn ha presentado en el festival sus más recientes títulos, desde la aclamada obra maestra Drive (2011), a la controvertida Only God Forgives (2013). El danés aterrizaba en Sitges para brindarnos su nueva y inventiva cinta, The Neon Demon, su perturbada visión del mundo de la moda.

Controvertida en Cannes, The Neon Demon se nos presenta como un espejo hacia las obsesiones del creador. Puede resultar cargante y que tienda demasiado hacia lo extrasensorial, pero creo que para una película que ya de por sí canoniza exhaustivamente la belleza, eso es primordial. Un sueño onanista y pajero maquinado por un observador de lo ridícula y artificialmente bello, que ha encontrado su voz en ese universo de giallo sobrecargado poblado por esas actrices (y diálogos) de plástico, es ahí donde emerge el personaje de Elle Fanning como salvadora de la pureza y lo humano (arquetipo del que luego huirá). Una puesta en escena que dejará sin respiración a aquellos que buscan el placer estético (como el propio Winding Refn) que redondea una valiente obra con la que Refn ha dividido a la crítica de nuevo. Soberbia y magistral.

Finiquitábamos el festival un sábado por la mañana con el último delirio existencial de Terrence Malick (El Árbol de la Vida, 2011 o  Malas Tierras,1973), Voyage of Time, un viaje a través de la historia del universoUn documental de corte poético (narrado por Cate Blanchett) que decepcionó debido a lo vacío y etéreo de su confección. Malick filma un caos de imágenes preciosas, pero se cree más de lo que puede llegar a ser, y es ahí cuando el film se niega a despojarse de sus pretensiones y cae en lo soporífero. Cautivadora y asombrosa visualmente, sin embargo, decepciona y aburre.

Cerramos la semana concluyendo con una sección oficial para el recuerdo, una organización como siempre brutal (nunca tuvimos que sufrir grandes colas), y ya nos entra la morriña festivalera (y cinéfila) para el año que viene. Cabe decir, un palmarés muy coherente, con Swiss Army Man, Raw y The Neon Demon entre las más premiadas, y unos más que merecidos galardones honoríficos a Christopher Walken, Bruce Campbell y el colosal sueco Max Von Sydow.

Imágenes:TIFF/Cannes film festival/Variety/Sundance/Sitges film festival/La Biennale di Venezia