La esperanza de Kesha


Kesha sabe que siempre ha habido un sitio para ella. Por eso publica Rainbow. Quiere dejar claro que vuelve fuerte y es consciente de que su mensaje de superación calará en el público. Todos saben que su historia no ha sido fácil y en sus letras deja constancia de ello. Pero no hay resquemor en ellas. Aunque resulta complicado, Kesha ha logrado construir un mensaje positivo tras cinco años de asedio musical.

De hecho, hay una palabra que Kesha repite en varias de sus entrevistas cuando habla de una de las canciones del disco, Praying: empatí­a. Parece ser que trata de identificarse con alguien del “otro lado”, algo que le resulta especialmente difí­cil en ocasiones. Una lectura fácil sería asociar este mensaje a Dr. Luke. De hecho, el disco está repleto de letras en ese sentido. Pero más allá de las probables referencias implícitas a Dr. Luke, su batalla legal con el productor parece haber impregnado el debate público en torno a su estreno musical. Y no solo eso, también ha servido de inspiración a la artista para evolucionar en su carrera.

Y es que durante estos últimos años, Kesha ha dado un salto enorme en lo referente a su música (dentro del margen que permite la música comercial a la hora de explorar nuevos caminos). Ha pasado de “Boots & Boys” a “Women”, un temazo lleno de reivindicaciones feministas (enmarcado, cómo no, en un industria que sigue siendo profundamente machista). El mensaje ha cambiado radicalmente. De profesar su amor por los chicos y las botas, a plantar cara a las actitudes machistas (“boys can’t buy my love (…) I don’t need a man to be holding me too tight”). Aunque parezca contradictorio, en el fondo se trata de una evolución bastante coherente. Ha conseguido desmarcarse de los mitos y empoderarse como mujer y artista en consonancia con su desarrollo personal a lo largo de los últimos cinco años. De hecho, quizá esa sea la clave. La construcción de referentes claros en el mundo de la música que trasladen este tipo de mensajes tan necesarios puede ayudar a cambiar muchas cosas.

Y como esta, otras ideas ayudan a configurar el valor y el objetivo del disco. Empezando por el arcoí­ris que le da nombre. Al parecer, Kesha siempre ha encontrado esperanza” en esta mezcla de colores. Funciona como un sí­mbolo que resarce parte del daño sufrido. Se trata también de un guiño inteligente a la comunidad LGTBI que mantiene el espí­ritu lisárgico de la estética de la artista. Nos ayuda a ver que su esencia sigue ahí­. Un espí­ritu que rodea sus actuaciones e incluso su portada. Toda una declaración de intenciones.

Quizá por eso este disco sea tan potente. La mezcla entre polémica, temas bailables y potencial reivindicativo puede encumbrar a Kesha. Pero, ante todo, es importante que no olvide cómo ha llegado hasta aquí. La libertad y la locura han sido los pilares de su éxito desde el inicio. En base a ellos ha construido su marca. En Rainbow, “Let ‘Em Talk” (una de las más potentes) es quizá la oda a ese desenfreno que caracteriza su música. Tení­amos esperanza y ahora ya sabemos que Kesha por fin ha vuelto para reivindicar su sitio.

AUTOR: Luís Mejía García

FOTO: Billboard