La gran mentira de los festivales


Ya estamos aquí, en el mes del fin: fin de exámenes, fin de otro curso más e, incluso para algunos, fin de carrera. Pero también es el mes del comienzo: comienzo del verano, comienzo de tus tan ansiadas vacaciones y, lo que más nos gusta, comienzo de los preparativos para irte de festival. Da igual al que vayas, el caso es que llevarás meses ahorrando para esos 4-5 días de festival que tan merecidos tienes y en los que no puede faltarte de nada.

Llevas la entrada, la tienda, la colchoneta o cualquier sucedáneo que se te haya ocurrido para intentar dormir cómodo cuando sabes, porque lo sabes, que ni de coña lo vas a conseguir. Llevas tus zapatillas más hechas polvo (o si eres nuevo, seguro que llevas tus zapatillas favoritas: ERROR). En fin, que lo llevas todo para pasártelo de puta madre, ¿no?.

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Te han dicho que estar en el camping es lo que más mola, que se está agustísimo, que conoces a mucha gente… No te creas todo lo que dicen. El camping es como irte de vacaciones 6 días al infierno, y a la mina también, porque vuelves con mierda en partes del cuerpo que no sabías ni que existían. Vamos, que al llegar a casa estás como para darle un beso a alguien. Fijo que llevas toallitas para hacer las travesías al baño más amenas, ¿a que sí?. Y una mierda. Y nunca mejor dicho: vas a tener pesadillas con los baños portátiles durante meses. Nadie se las ve más canutas que en uno de estos, intentando que ninguna parte de tu cuerpo toque la superficie y alumbrándote con la linterna del móvil (si aún tienes batería) para poder ver toda la mierda que te rodea ahí adentro. Cambiando de tema: conocer conoces a muchísima gente, algunos hacen que tu festival no hubiera sido lo mismo sin ellos y otros… bueno, de otros ni te acuerdas al día siguiente, ya me entendéis… Si tienes suerte o te lo montas bien, acabarás bebiendo 8 tipos de alcohol mezclados en media sandía con gente de la cual no te sabes ni el nombre y en conciertos de gente que no sabías ni que iba. Esa es la parte buena, porque la mala es llegar a las 9 de la mañana después de toda una noche de fiesta e, iluso de ti, pensar que vas a poder pegar ojo con la calufa que está cayendo y el ruido que a esas horas se monta en el camping. Olvídate. Vas a volver a casa con 567 horas de sueño acumuladas y con un vale canjeable para que te regalen un par de pies nuevos. Porque amigüitos, vais a andar más que en toda vuestra vida. Del camping al super, del super al camping, del camping a los conciertos, de los conciertos al camping, luego otra vez, y otra, y otra.

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Pero la putada maestra viene cuando te haces tu planning y dices: voy a ver a todos estos, qué guapo, qué bien. Una vez más estoy aquí para decirte: NOPE. Se te van a solapar y te va a tocar apechugar y elegir, porque hasta hoy no se ha inventado lo de estar en dos sitios a la vez. No te preocupes, los verás al siguiente año o en otro sitio, porque una vez que te vas de festival… no se puede parar. ¿Y qué decir del postureo? Esa corriente que inunda la sociedad de hoy en día y por la que más de uno se está haciendo de oro. Me gustaría veros las caras cuando os encontréis con neófitos de 15 años bebiendo garrafón a vuestro lado: la risa. ¿Qué hacen aquí? Eso me pregunto yo siempre. Huye, que es lo que tienes que hacer.

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Por último, pero no por ello menos importante, no olvides llevarte una pulsera de citronela. Hemos ido a muchos festivales en nuestra vida y, si algo hemos comprobado, es que los mosquitos pueden joderte el panorama sin que te lo veas venir. Así que añádele otro adorno más a ese brazo lleno de “postupulseras” y líbrate de ser carne de cañón.

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Lo bueno de que te cuente todo esto es que, básicamente, te la pela. Y te la pela porque, aunque acabes hecho polvo, sin dinero y sin fuerzas, volverás a hacerlo mil veces más. Porque no hay nada como un festival, no hay una experiencia igual. Y eso o se vive… o no se cuenta.

AUTOR: Lorea Moreno

FOTO: Las Provincias