Malos tiempos para la música electrónica


Kraftwerk están de tour mundial, ya los tuvimos en Bilbao en octubre durante 8 noches. Todo parecía ir sobre ruedas, hasta que Argentina ha dicho “stop”. Después de la tragedia ocurrida durante el festival Time Warp en abril, en la que cinco jóvenes murieron tras el consumo de drogas, el gobierno de Argentina ha prohibido todo evento cultural y de ocio relacionado con la música electrónica.

Los míticos alemanes considerados como los padres de la electrónica, sigan teniendo o no a los componentes originales, han sido los primeros afectados ante la nueva ley argentina. Fueron muchas las pegas y los “no”, pero finalmente el cuarteto podrá actuar  en el Luna Park de Buenos Aires el 23 de este mes. Move Concerts, productora del evento, presionó a las instituciones pertinentes para que la cita con los alemanes no se cancelara. La actuación podrá realizarse, pero como excepción ante la nueva ley, ya que el gobierno de Buenos Aires considera que no se trata de “un evento bailable”. Pa’ flipar, vamos.

La nueva ley parece que se mantendrá hasta que haya una “correcta” regulación del consumo y tráfico de estupefacientes. Y yo, y espero que más personas, me pregunto… ¿Por qué ante este tipo de sucesos siempre se señala a la electrónica como principal culpable? Es innegable que el consumo de drogas en eventos de este tipo abundan, pero ¿es que acaso solo ocurre en los de electrónica? Y aunque así sea, ¿es razón para censurar toda una cultura que lleva construyéndose y avanzando desde hace años? Creo que la nueva decisión del gobierno se trata únicamente de eso, de censurar a todo un pueblo su derecho a disfrutar de algo tan puro y vital como es la cultura.

Y esta cultura, guste o no guste a algunas personas, está relacionada con las drogas de diseño, ¿pero qué estilo y corriente musical no se ha vinculado nunca al consumo de determinadas sustancias? La psicodelia de los 60 y el LSD, el jazz y la heroína, el reggae y la marihuana, el country y el alcohol… Las drogas están ahí, siempre lo han estado. Desde lo más puro y natural, a lo más sintético. Todas forman parte de la cultura popular, en la que la música tiene, y debe tener, su propio espacio relevante. Por tanto, censurar y prohibir un estilo musical por el consumo de drogas es cuanto menos absurdo, y atenta directamente contra el desarrollo y fomento cultural.

Como bien dice la expresión acuñada por Bertolt Brecht, poeta alemán, y que años después acogió Germán Coppini para una de las canciones más emblemáticas de su grupo Golpes Bajos, son “malos tiempos para la lírica”. Quizá debiéramos retomar esta expresión, para nada casual ni banal, y re-enfocarla a un nuevo espectro: el de “malos tiempos para la electrónica”. El poema de Brecht, realmente protesta, apela contra las dificultades que sufre el mundo cultural dentro de un sistema en el que únicamente predomina la importancia del dinero. Pero en estos años, debemos dar un paso más allá y abrir un poco más los ojos. Ya no es que la cultura continúe atada a los intereses económicos, sino que además resulta que se quiere imponer un control sobre la misma, para nada justificado.

El veto argentino a los eventos de música electrónica, bajo la sucia y estúpida excusa de las drogas, bien recuerda a lo que ocurrió hace pocos meses con la simbólica sala londinense, Fabric.

El fallecimiento de dos jóvenes dentro del local por sobredosis les vino de perlas a las autoridades inglesas para cerrar las puertas de una sala que ha hecho historia. Como bastantes ya sabréis, la campaña contra el cierre fue intensa, pero como suele ocurrir, todas aquellas voces que se alzaron, tanto de artistas como de asistentes al local, fueron ignoradas.

save fabric

Retomo lo dicho anteriormente de “bajo la sucia y estúpida excusa de las drogas”, porque aquella no fue la verdadera razón, sino la simple y disparatada coartada de un plan con el que algunos llevaban tiempo frotándose las manos. El diario inglés Independent publicó documentos oficiales del caso Fabric en los que puede verse cómo todo era un traicionero engaño. Que de las once razones expuestas en esos documentos en las que se respalda el cierre de Fabric, tan solo dos estén relacionadas con la muerte de aquellos chicos, convierte la clausura en una infame mentira. Toda una trola conocida como “Operación Lenor” en la que las autoridades policiales actuaron como simples fichas del tablero de juego. Y no, aun no me callo. Porque, sinceramente, usar la muerte de dos personas como excusa para llevar a cabo algo que ya estaba más que pensado, es cuanto menos despreciable.

El cierre de Fabric ha causado estragos y un duro periodo de luto a todo un círculo social conectado por la misma idea: la pasión musical. Y esta vez le ha tocado la lotería al círculo de Argentina. El gobierno se ha unido también a la utilización de las drogas como excusa para prohibir la libertad de expresión, que es, al fin y al cabo, lo que representa la cultura. Tenga o no detrás una “operación Lenor”, lo que está claro es que algo está ocurriendo en el mundo (otro añadido más, por si no había suficiente) con la música electrónica.

No voy a recurrir a la defensa de esta apelando y dirigiéndome a aquellas personas que disfrutan “de forma limpia” este estilo musical. Es decir, esto no se trata de reclamar la eliminación de una ley que resulta injusta para todas aquellas personas que no consumen ningún estupefaciente. No se trata de decir, “es injusto que prohíban estos eventos porque hay gente que no se mete”. No, no se trata de eso. Creo que el foco de atención debe apuntar directamente sobre la puntita de la pirámide. Entiendo que desde las altas esferas se quiera luchar contra el consumo de drogas, pero desde luego esta no es la solución.

Porque coartar la libertad de expresión, limitar el disfrute y liberación personal que obtenemos con el ocio, y ponerle fronteras a algo tan vital y necesario como es la música, no es justificable ni defendible de ningún modo. Y es esto a lo que hay que señalar.

FOTO: ismorbo.com / Independent