Música de Cine: Control


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Love will tear us apart, again. O algo así. La trayectoria profesional de Anton Corbijn se remonta a 1972, cuando empezó a ejercer de fotógrafo en un concierto. Desde entonces, y durante 4 décadas, ha dirigido vídeos para grandes bandas como Depeche Mode (Personal Jesus), U2 (One) o la, parcialmente desaparecida Nirvana (Heart-Shaped Box).

Pero lo que realmente nos interesa de Corbijn es lo estrechamente relacionado que estuvo con el grupo inglés Joy Divison, para quien trabajó como fotógrafo en algunos de sus conciertos. Y Control, con una cuidadísima fotografía en blanco y negro y  una actuación protagonista memorable (Sam Riley debutaba como actor y eclipsaría a la crítica de medio mundo —además de a un montón de adolescentes—) supone un retrato sincero y demoledor sobre la trayectoria del grupo. Aunque más bien se centra en la vida de Ian Curtis, cantante y frontman de Joy Division. La película, cabe mencionar, está basada en las memorias Touching from a Distance” escritas por Deborah Curtis, la que fue mujer (y luego viuda) del protagonista de la película.

La BSO, lógicamente, y en su mayoría, está compuesta por temas del mismo grupo y de New Order, nombre que recibió la agrupación cuando Ian Curtis pasó a mejor vida tras suicidarse en la cocina de su casa (el disgusto que se llevó su mujer cuando se encontró a su marido colgando del techo puede percibirse bastante bien en el film) y al que pudimos ver en la edición del FIB 2012. Canciones como Love will tear us apart, Transmission y Atmosphere no podían faltar. La banda The Killers, por su parte, hizo una interesante versión de Shadowplay que suena en los títulos de crédito. Además de los temas mencionados, también encontramos aportaciones de grandes artistas ingleses como David Bowie, Sex Pistols o Iggy Pop, que con sus canciones sigue aportando vida a la atmósfera ochentera de la que Corbijn quería dotar al film.

En conclusión, un interesante relato sobre la trayectoria de uno de los grupos más influyentes de la historia de la música moderna. Si la veis, es recomendable hacerlo en versión original, para apreciar el acento y entonación inglés, sobre todo de Sam Riley, al que Anton Corbijn hizo cantar en algunas escenas de la película para que su interpretación fuese más realista.

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