Sarna con gusto no pica


Tras haber acudido a quién sabe cuántos festivales, y apoyados en un estudio científico de la Facultad de Psicología de la Universidad Deakin en Australia, podemos gritar a los cuatro vientos que los festivales además de incrementar la felicidad de sus asistentes, reducen los niveles de estrés. Sin embargo, no todo es coser y cantar.

Estos son algunos de los males más representativos de los festivales:

  1. El elevado coste de las entradas tanto a nivel nacional como internacional. Sin contar el precio del alojamiento, el transporte y las distintas comidas.
  2. La gran masificación de gente. ¿A quién no le han quemado con un cigarro y/o tirado un vaso de cerveza por encima en medio de la muchedumbre y/o pisado en medio de un pogo? Además, se generan grandes colas para acceder a las distintas zonas del recinto y se saturan las redes.
  3. Quedarse sin batería en el móvil. Por lo general, los pocos enchufes que hay repartidos por el recinto y/o camping suelen estar utilizados, por lo que si no llevas un cargador portátil no tienes más remedio que esperar a que se desocupe alguno.
  4. La calidad, cantidad y limpieza de las instalaciones, especialmente de los baños y duchas.
  5. La falta de preparación de la zona de camping. ¿A quién no le ha despertado el sol a las 8:00 a.m. por falta de sombra? Y, ¿quién no se ha despertado con contracturas en el cuello y la espalda por dormir sobre el suelo inclinado?
  6. La mala alimentación e hidratación. En un festival comes poco y mal, esa es una realidad. Si llevas comida de casa se te acaba poniendo mala por falta de refrigeración, comprar dentro del recinto es muy caro y encima, no tienes tiempo de comprar porque tienes que ir de un escenario a otro. Al final y con un poco de suerte, tu plato por excelencia será un bocadillo entre concierto y concierto.
  7. La contaminación acústica generada en el camping. Sobre todo a la noche, cuando intentas conciliar el sueño y recuperar fuerzas para el día siguiente y el típico gracioso de turno se pone a cantar a todo pulmón con un megáfono (verídico, Nos Alive 2014).
  8. La resaca. Con dolor de cabeza y náuseas. En un camping. A pleno sol. Cuando aún te quedan tres días más de festival. Una vez finalizado el festival, vas estar tan exhausto y te van a doler tanto los pies que durante una semana tu cama será tu mejor aliada.
  9. La depresión post-festival. No hay nada más real y duro que la depresión post-festival, más aún cuando este se celebra a comienzos del verano y no tienes nada más que esperar de tus tristes vacaciones al sol.

Si ponemos como objeto de estudio el ir a festivales, siempre encontraremos mayores ventajas que inconvenientes. Al fin y al cabo, son detalles que disfrutando de tu grupo favorito al aire libre y con cerveza en mano pasan prácticamente desapercibidos.