La música importa, pero no es lo único


No quiero pararme a analizar cada artista uno por uno, porque sé que muchas otras páginas lo harán o cada persona tendrá una visión peculiar de lo que ha visto y escuchado. Más bien quisiera dedicar esta primera entrada en Un Festival por Dentro a señalar los fallos y detalles que he visto a lo largo del festival. No es ningún ataque al Dreambeach ni al cuerpo de la organización, ya que de hecho, es el tercer año que repito la experiencia. Simplemente quisiera destacar pequeñas cosas que me han llamado la atención y de las que me gustaría que el festival tomara nota para mejorar y seguir creciendo más todavía.

Empecemos pues:

Creo que el Dreambeach es un festival que se ha empeñado demasiado en querer aparentar y dar buena imagen externa con sus escenarios nuevos y las novedades que ha traído este año, como llevar la fiesta de El Row hasta Almería, por ejemplo. Sin embargo, visto desde dentro se ha despreocupado muchísimo de quienes lo han llenado.

¿Y por qué digo esto?: porque lo que no puede ocurrir en un festival y menos en uno que ya lleva varios años en el mundillo, es que conociendo el número de personas que asistirán por la venta de entradas, el camping se llene al segundo día y mucha gente haya tenido que irse y buscarse la vida para acampar.

Desde luego todas las personas que acampamos agradecimos enormemente que el recinto del festival se acercara al camping, porque era un lujazo llegar de un sitio a otro en 10 minutos. Pero ya que el recinto del festival se acerca, ¿por qué no poner más espacio de camping? ¡Si es que sobra terreno por todas partes!

Algo que tampoco puede ocurrir y que ocurrió la primera noche, fue el tapón que se creó en la entrada al recinto. Lo peor que puede pasar en la entrada de un festival es que la gente se amontone, porque es en ese momento cuando aumenta el nerviosismo, la gente se pone más bruta, gritan, empujan, saltan las vallas… Al fin y al cabo, es mucho más jaleo para entrar cuando tienes un rebaño esperando con demasiadas ganas de fiesta en el cuerpo. Y me dirán: “es normal que se haga tapón, había mucha gente”. No, no es normal. Había como 5 seguridades para entrar. Vamos a ver, no pongas cinco, ¡pon 10! Faena mejor repartida y movimiento más fluido. Todo más sencillo.

La primera noche (jueves), decidí indagar un poco por el recinto para situar cada cosa en su sitio antes de las noches del festival.  Fue entonces cuando me di cuenta de que los escenarios estaban todos muy juntos, pero pensé que se habrían realizado las suficientes pruebas de sonido para comprobar que no se entremezclaba la música. Y o bien hicieron las pruebas mal, o bien las hicieron y les dio igual, porque la música se entremezclaba entre unos y otros. Esto sobre todo se notó la última noche, en la que el sonido de El Row en el Main llegaba hasta la Bull Stage, donde se celebraba el Bassclub. Si no estabas dentro de la carpa apenas se escuchaba el jungle y drum&bass de la última noche.

La zona de comida se encontraba entre el Dream Tent y el Open Air. Allí si te sentabas en los bancos de la izquierda escuchabas el techno de la carpa y si te sentabas en los de la derecha el drum&bass o el hard del Open Air. Demasiada confusión mental.

Aquella primera noche del jueves quise buscar la fuente de agua, algo primordial en todo festival. Pero si hablamos del Dreambeach, festival de electrónica en pleno agosto en Almería, el tema de la fuente de agua ya se convierte en un asunto de Estado. Pues bien, ya que el festival sigue sin estar dispuesto a ofrecer agua gratis delante de los escenarios, qué menos que unos cuantos grifos de agua POTABLE. Aquello eran cuatro grifos mal puestos con un cartel arriba que ponía: “AGUA NO POTABLE”.  Yo no sé si ese cartel estaba ahí para pretender que la gente no bebiera y acabara en la barra gastándose de nuevo 2,50 para no morir de deshidratación,  pero lo que está claro es que si pones grifos con agua, al menos que sea potable o que haya alguna otra manera de conseguir agua gratis. Está muy feo eso de intentar lucrarse hasta de lo más básico para la supervivencia festivalera.

Por otro lado quisiera señalar el cambio que ha habido en “el área de descanso” este año. Cuatro lonas de césped artificial del que hace daño al sentarse no dejando descansar a nadie. Esto ya puede parecer una tontería o incluso un capricho, pero hay festivales con menos años de experiencia que tienen al menos la decencia de ponerte un césped falso pero blandito. No pedimos sillones, no pedimos colchonetas, pero ya que parte de la organización se iría de compras a por césped falso, el próximo año al menos que no rasque. Además, ni siquiera había las suficientes lonas para todo el mundo y mucha gente tenía que sentarse en el suelo de piedras del recinto.

Bueno, pero lleguemos a otro punto del análisis: la odiada pulsera.

La odiada pulsera es esa que te ofrecían al ponerte la pulsera de tela del festival y con la que podías entrar y salir cuando quisieras del recinto. La odiada pulsera era esa clásica de papel que te sirve de sello cuando sales de una discoteca. La odiada pulsera costaba nada más y nada menos que diez euros. Diez euros adicionales al precio de la entrada para que pudieras entrar y salir del recinto a tu libre antojo. El año pasado ya ocurrió, pero al menos era hasta las 2 y media de la mañana. Lo siento Dreambeach, pero es demasiado sucio pretender que la gente se gaste todo su dinero en las copas de dentro. He pisado muchos festivales y puedo asegurar que nunca he visto algo tan rastrero.

Asimismo, cualquier persona puede encontrarse mal en cierto momento y quiera volver al camping, descansar un poco y volver. Alguien puede salir cinco minutos aunque sea para ver a alguna persona conocida y luego entrar otra vez. Alguien puede darse cuenta ya dentro de que se ha dejado algo en el camping y necesite salir para cogerlo. Cualquiera podría haber ido sin nada de abrigo al festival y a las tantas querer ir a por una sudadera y volver. Y yo me pregunto, para  cualquier cosa de esas, ¿de verdad tiene la gente que pagar diez euros?

Hubo gente que no pagó esa pulsera, como yo, que más bien fue un acto de orgullo que de otra cosa. Y muchas de estas otras pulseras, las que no te permitían entrar y salir sin problemas, ni siquiera fueron marcadas algunos días.

Y ya por último, así un detallito sin demasiada importancia pero con el que a muchos nos entró la ‘bajona’: El Main.

El Brugal Stage era realmente una barbaridad, pero también un escenario muy poco aprovechado para artistas como deadmau5 o Aly & Fila, quienes cerraron el viernes y sábado el festival. Apenas pudieron sacarle partido a sus visuales a pesar de la maravilla de escenario, repleto de pantallas, luces y láseres de largo alcance.Quizá Excision hubiera estado mejor colocado en el Main en lugar del Open Air y artistas como Nach o Natos & Waor haberlos trasladado a este otro. Al fin y al cabo, hay artistas cuyos directos tienen más esencia con luces y visuales.

El cartel era uno de los mejores de sus ediciones y está claro que seguirá creciendo. En fin, desde aquí una joven que posiblemente repita en el festival, pero a la que le encantaría volver cada año viendo nuevas mejoras y más preocupación e interés por sus asistentes.

por último (pero ya de verdad), ya que apenas he hecho mención a casi ningún artista, destacar las actuaciones de Nicole Moudaber y Luciano, quienes se sacaron unos setazos impresionantes de la manga y el cierre de De La Swing en El Row. Increíble forma de terminar los cuatro días en la playa de los sueños.

FOTO: Facebook Dreambeach Villaricos