Metallica: Regreso a 1991


Cuanto más escucho los tres singles que sirven de promoción del próximo álbum de Metallica (el décimo en su amplísima carrera) más me invade, como un susurro primero y ahora ya como un grito desatado, la sensación de haberme montado en un Delorean, pisar el acelerador a todo trapo como si no hubiera mañana y, de pronto, haber retrocedido 25 años en el tiempo.

Porque creo que sólo así se puede explicar que después de un largo periplo por el desierto (bueno, vale, vamos a salvar “Fuel”, es bastante buena) Metallica vuelva a sonar como Metallica. Faltan menos de dos semanas para que salga a la venta Hardwired… To Self-Destruct, y los singles revelados hasta el momento (el tercero, “Atlas, Rise!”, salió a la luz la semana pasada) han sido tres auténticas bombas que han disparado el hype en torno a este nuevo trabajo de los californianos. En su anterior álbum, Death Magnetic, ya se intuían atisbos, algo así como brotes verdes que parecían indicar que Metallica había vuelto a encontrar su camino, el que de verdad dominan como nadie, después de sus escarceos con el rock alternativo en Load y Reload y… bueno, lo que quiera que sea que intentasen hacer en St Anger.

Y es que a juzgar por lo revelado hasta el momento, parece que este álbum podría situarse perfectamente como el disco que debió haber ido entre …And Justice For All y el Black Album, el que habría suavizado un poco el drástico cambio de sonido que se produjo entre uno y otro y que decepcionó a los fans más trashers del cuarteto. Este Hardwired tiene pinta de que va a presentar un tempo más veloz que el Black Album, pero con un sonido bastante similar al disco que los acabó de catapultar como banda para público masivo, incluso aquel algo menos acostumbrado a cualquier variante del metal. Vuelven los riffs guitarreros veloces, la voz desgarrada y la furia, que unidos a esa comunión única con el público que consiguen en sus directos (esto nunca se fue) componen esos elementos que convirtieron a Metallica en una leyenda.

Cierto es que no todo es como antes. A la batería, Lars sigue limitándose a cumplir, aunque más grave me parece lo de Kirk Hammett, falto de ideas, con su inseparable (y bastante cansino) wah-wah, el cual uno ya empieza a creer que se lo debe de llevar hasta al excusado. James Hetfield, si bien hay que decir que hacía mucho tiempo que no sonaba tan bien, ya no tiene 20 años (¿os imagináis “Hardwired” con su voz de la época de Master of Puppets? ¡Menudo bombazo!). Es decir: Que siendo temazos, ni “Hardwired” va a ser “Creeping Death” ni “Atlas, Rise!” (que tiene una sonoridad muy Iron Maiden, por cierto) va a ser “Master of Puppets”. Pero estas líneas anteriores van a ser la única pega que les pongo, porque tanto por intención como por sonido este nuevo material parece haberlos transportado al pasado, y por tanto también a sus fans, a épocas en las que un servidor no existía ni tan siquiera como proyecto.

En resumidas cuentas parece que vamos a encontrarnos, sí, estáis leyendo bien, con el mejor disco de Metallica desde el Black Album (¡Qué bien estaría una baladita tipo “The Unforgiven”!), que probablemente pueda ser disfrutable tanto por los amantes del Metallica de los tiempos de Ride The Lightning como por los que se subieron al carro después. No obstante, de momento sólo se pueden hacer cábalas e hipótesis. La respuesta definitiva, el próximo 18 de noviembre. Ya queda un día menos.

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