Barraca: esencia de libertad


No soy de lo más veterano que ha pisado Barraca, pero la siento como una segunda casa. Hace un año aproximadamente que entré por primera vez por aquellas puertas, y como sabrá cualquiera que ha ido, si vas repites. Es ese espacio de liberación personal, en el que sientes que estás fuera de toda preocupación. En el que la calidad del sonido se entremezcla con esa aura de autenticidad y de experiencia a las espaldas. Y es que este lunes cinco de diciembre Barraca celebraba, nada más y nada menos, que 51 añazos de trayectoria.

Superar el medio siglo dando tregua y aportando su gran-granito de arena a la cultura del ocio más underground, tiene mérito. Y como toda gran celebración de aniversario, se necesita de una serie de maestros de ceremonias dispuestos a hacer de la noche una auténtica vía de escape. Dubfire y Jackmaster encabezaron la gala y lo hicieron de la forma más espectacular, y junto a ellos, otros tantos artistas que también hicieron de esa noche pura magia como Jasper James, Rosper, o el equipo de The Basement.

Las paredes retumbaban con el estilo propio de cada uno.  La elegancia, oscuridad y personalidad desbordaban por los altavoces, pero sin duda, el momento “pelos de punta” fue la aparición por detrás de Dubfire de aquella tarta con un “51” y unas bengalas a los lados, mientras un techno melodioso, silbidos, flashes, gritos y aplausos, acompañaban el momento. Y es que allí dentro realmente se vive y se siente.

Se acercaba la hora de cerrar la noche, y con ello el famoso “chape” del Dj. Parecía que Ali Shirazinia (Dubfire) fuera a terminar sobre las ocho menos veinte. Pero ni él ni el público veían la hora de acabar. El cierre fue una auténtica maravilla, en la que, aun después de dos o tres veces en las que parecía que ya concluía la noche, volvía de nuevo la música y cada vez más grave y más potente todavía. Y con ello la euforia.

Una vocecilla me gritó en el oído a mitad de ese cierre: “Barraca no es Barraca sin un buen chape”. Y qué razón tiene. El público lo sabe y el Dj es más que consciente de ello, y defraudar a unas mil personas no entraba en los planes. Y menos aquella noche de celebración.

Los años han pasado por Barraca, pero la esencia no se ha perdido. Y es eso lo que le hace única y lo que la ha mantenido todavía en pie. Y es que, tal y como se define a la sala desde la misma página oficial, es un club “ecléctico, cosmopolita, multicultural y de mente abierta”. Y cuando de verdad se respira en el ambiente aquello que quieres transmitir, es que el trabajo se está haciendo realmente bien. Porque el trabajo ha de verse luego reflejado fuera. Y en Barraca se consigue. Su gente acompaña a la música y la música al lugar. Todo se complementa.

Y creedme, lo mejor de todo es salir de allí sintiéndote más libre de lo que ya habías entrado. Y la fiesta no termina fuera. Solo continúa. Se abren de nuevo los maleteros, cargados de un buen equipo de música, porque las ganas de seguir escuchando techno y de bailar no han terminado.

Hubo un momento en el que estuve mirando detenidamente todo aquello. La gente unida aun sin conocerse de nada delante del primer coche del que saliera música. Me acerqué a una chica y le dije: “es que esto es felicidad y libertad”. Me miró y me sonrió, y me dijo: “sobre todo felicidad”.

Quizá debiera encaminar más este artículo al tema musical, pero el factor humano puede conmigo, y la conexión que se crea allí merece unas palabras. Buen rollo, independencia, y libertad. Cada persona lleva consigo su pequeño espíritu anarquista. Ese ansia de liberación de “que me dejen en paz, reclamo mi derecho a hacer durante unas cuantas horas lo que me salga de” (que cada persona termine la frase como quiera). Ya volverás a la rutina, ya sufrirás al día siguiente las agujetas, el cansancio, el malestar por la falta de sueño, pero que nadie te quite mientras tanto tu derecho a gozarte la fiesta y a evadirte de toda estúpida norma a la que, durante el resto de tu rutinaria semana, estás sometido. Ya volveré al curro cuando toque, ya madrugaré para ir a clase, ya estudiaré y me prepararé para los exámenes, ya aguantaré horas y horas de curro a cambio de un lamentable salario. Pero ahora me dejáis, joder.

Y esa esencia de libertad lleva acompañando a Barraca años y años.

Quien me conoce o ya me ha leído alguna que otra vez por aquí, sabe que las gafas moradas no me las quito ni para dormir. Y quería dedicarle ahora unas palabras a todas las chicas que estaban por allí. “Mira que nosotros nos pegamos la fiesta, pero es que las tías la reventáis”, nos dijo un chico a una chica y a mí. Pero no es de las hormonas féminas de ansia fiestera sobre lo que quiero hablar, sino de esa hermandad que se crea y que, de verdad, no percibo en ningún otro sitio. Nada que ver a esas miradas “competitivas” que suelen verse en otras discotecas, ni esos repasos de arriba abajo en ciertos locales con caras de “bf, yo soy más indie que tú”. Tampoco ese enfrentamiento al que nos someten desde enanas señalando y criticando “lo guarra que va esa”. Me encanta porque es un espacio en el que, todo a mi parecer, ya lo digo, veo que se sienten realmente libres. 

Así que, felicidades por los 51 años, que se dicen pronto, de una sala que no solo sigue apostando por la cultura electrónica más independiente, sino que además, consigue crear una gran familia juntando a todas aquellas personas que de vez en cuando solo buscan un buen bafle para olvidarse del resto de cosas. Barraca se hará mayor, pero el espíritu joven continúa todavía con ella.

FOTO: Página Oficial Barraca