Arte visual y sonoro en Eufònic


Durante los días dos y tres de septiembre, el festival Eufònic presentó el grueso de su programación en el marco de su quinta edición.

El viernes día dos, desde las doce del mediodía hasta pasadas las siete de la tarde, en la Biblioteca Sant Juan Arbó se celebró la Primera Jornada #supportviualists. Empezamos a conocer este proyecto en la pasada edición del festival Mutek y se trata de una plataforma creada por miembros del sector de la creación visual para ayudarse y dar visibilidad a su trabajo. Durante la jornada, diferentes integrantes del colectivo hablaron de temas relacionados con el arte visual. Se empezó con una breve pero condensada ponencia de la historia y evolución del mundo (audio)visual y seguidamente hubieron distintas mesas en las que se trataron temas muy variados: el papel del visualista, la percepción que puedan tener las personas que no trabajan ni tienen conocimientos de este ámbito, el management que los artistas visuales pueden necesitar y el coleccionismo y el mercado del arte digital, el papel del artista visual en distintos espacios, los centros de producción de arte… Fue una jornada que dio mucho que pensar y personalmente espero que pueda llegar a celebrarse delante de un público más amplio y no perteneciente al sector audiovisual, ya que creo que asistiendo a ponencias y mesas que toquen estos temas puede concienciar a los oyentes de lo que tienen alrededor.

Esa misma noche, la Església Nova acogió el primer concierto en España de Gigi Masin. Con todas las entradas agotadas, el italiano reunió a más de cien personas de todas las edades que esperaron pacientemente el inicio del concierto. Solo hizo falta iluminar la sala con una luz azul para crear un ambiente todavía más íntimo e indicar que la actuación, aunque con bastante retraso, estaba a punto de empezar. Durante más de una hora, con un ordenador y un piano, Masin mantuvo al público en un estado de trance y a la vez de reflexión. Su interpretación jugó con el contraste entre canciones con melodías de piano simples, rápidas e arpegios, con composiciones de acordes más profundos y serenos. Todo esto sobre bases digitales igualmente rápidas y muy marcadas o coros arrastrados hasta formar un superposición de voces y ecos; capas de música que a ratos invitaban a dejarse llevar y en otros momentos incitaban a concentrarse y estudiarlas con detenimiento. La música hizo oscilar al público entre distintos pensamientos y estados de ánimo, entre pensar en todo y no pensar en nada.

La tarde del día siguiente, los compositores suecos Mats Erlandsson y Maria W Horn presentaron el proyecto creado durante su estancia en la residencia artística de Balada. El concierto tuvo lugar en el Mercat Vell, un espacio amplio de rasgos industriales, con techo y paredes desnudos pero de estética cuidada, una localización muy acertada para su propuesta. Todos los sonidos usados para crear las composiciones fueron recogidos en la zona de la residencia y su interpretación marcada por una gradual y lenta progresión, (al menos a mi) me dio la sensación de dejar entrever el aislamiento del pequeño núcleo urbano y la aridez que este pueda tener en pleno mes de agosto. Quizás, la atención que su música requiere no pudo ser prestada por la mayoría del público ya que un grupo de niños estuvieron durante gran parte del concierto atrayendo todas las miradas delante de la máquina de humo, esperando que esta se pusiera en funcionamiento para chillar, correr y saltar alrededor. Sin embargo, tanto asistentes como músicos fueron capaces de adaptarse a la situación: Maria, que controlaba el humo, pareció entablar una especie de juego con ellos y más tarde tanto ella como Mats describieron la anécdota como divertida y como si los niños hubiesen acabado formando parte de la escenografía.

James Brewster, músico y productor inglés actualmente afincado en Malmö, presentó en este mismo recinto su proyecto Electro-acoustic Café. Mediante el uso de micrófonos de contacto, convirtió la acción de preparar un café en una impresionante experiencia sonora y gracias a los altavoces situados por todo el recinto, pudieron ser apreciados hasta los sonidos más suaves que pasarían casi desapercibidos en condiciones normales. Una propuesta muy original que incluso ofreció el producto final de
la máquina a algunos asistentes.

En la tienda de muebles de Sant Carles de la Ràpita Doblespai se habilitó una pequeña zona donde se pudo ver el documental en realidad virtual Notes on Blindness: Into Darkness. Este comprende algunos de los pasajes que el teólogo, catedrático y escritor John Hull (1935-2015) documentó en cintas de audio cuando se quedó ciego a los cuarenta y ocho años. A través de sonidos binaurales y 3D a tiempo real, la voz del propio autor te conduce por distintas situaciones y memorias en un mundo abstracto entre la ceguera y el recuerdo. Una experiencia única que sin duda me indujo a reflexionar, y la cual encontré muy acertada para un festival sobre artes visuales, no solo por el hecho de tratar con la realidad virtual sino también por el tema del documental en sí.

Ferran Palau actuó aquella misma noche en la Església Nova. Tal y como ocurrió la jornada anterior, el público asistente fue de edades muy variadas pero esta vez la mayoría eran fieles seguidores del cantautor. Acompañado con una guitarra, interpretó bajo las atentas miradas de un público emocionado temas de su último álbum Santa Ferida. Fuertes aplausos al final de cada tema y diversas personas cantando de manera muy suave todos sus canciones, dejaron ver el cariño de los espectadores por el músico, que pareció estar agradecido y sentirse muy cómodo.

El último concierto del día (para muchos la clausura del festival, ya que las escasas entradas para el domingo se agotaron muy rápido) y lo más destacable de la noche fueron sin ninguna duda los visuales de Loon para acompañar al dj de Amposta Edgar de Ramón en el polideportivo. El público no dejó de bailar hipnotizado por las dos pantallas situadas una a cada lado del escenario, todos comentaron sobre la belleza de las creaciones de Céline Pimentel y Stefano Casella.

Por lo que respecta a las instalaciones, Luminance del neerlandés Daan Kars estaba basada el la bioiluminación. Situada en un jardín del Antic Convent de Santa Maria de la Ràpita, podía visitarse cuando ya había oscurecido. De esta forma, con una iluminación intencionada, el artista lograba mostrar la vegetación en un estado puntual y preciso, convirtiendo el paso del espectador a través del jardín en una experiencia de luces, sombras y hojas flotantes.

Eufònic consigue captar el paisaje mediante los proyectos de los distintos artistas. Personalmente, Mats Erlandsson y Maria W Horn, Daan Kars y Gigi Masin han presentado tres propuestas que me han transmitido elementos distintivos de les Terres de l’Ebre en verano: el clima, el agua y la vegetación. Creo que va más allá del arte visual y sonoro; es un festival que invita al espectador a reflexionar y a participar activamente.  Una experiencia muy interesante y recomendable que espero poder repetir en su edición de Barcelona el próximo mes de febrero.

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