Crónica del Vida Festival 2017


El pasado 29 de junio el Vida Festival inauguraba su ya cuarta edición, dando un gran salto de categoría dentro del panorama festivalero nacional. El certamen estuvo marcado por el eclipse de los conciertos nacionales por encima de los internacionales (y por ende, los grandiosos cabezas de cartel). De nuevo, pasamos grandes momentos (y alguna que otra decepción) en la Masía d’en Cabanyes. ¡En esta crónica del Vida Festival 2017 os contamos cómo lo vivimos!

Jueves 29 de junio

Llegamos pronto a la Masia d’en Cabanyes para ver a Les Sueques. El grupo barcelonés, que acaba de editar su reciente y sobresaliente disco Moviment (El Genio Equivocado, 2017) dispuso una galería de hits divertidos y enérgicos con aroma a post-punk. No fue una sorpresa, ya que es una de las mejores bandas en directo de la escena barcelonesa, una gran manera de abrir el festival.

Crónica del Vida Festival 2017

Nos movimos rápidamente al escenario Estrella Damm (principal emplazamiento del lugar) para asistir al concierto de Joan Miquel Oliverex-líder de la mítica formación Antonia Font (etapa a la que dedicó un par de temas). Fue un show musicalmente variado y minimalista (el grupo tan solo se componía de un batería, un teclista, y el propio Joan Miquel), cuyos momentos más intensos se tornaban hipnóticos ante un público entregado, de lo mejor de la jornada.

Acto seguido nos encontrábamos en buen lugar para ver a la joven promesa internacional (y al parecer una de las grandes apuestas del festival) Parcels. Los australianos han sido apadrinados por nada más y nada menos que Daft Punk, y con tan solo un puñado de singles bajo el brazo (publicados por el exquisito sello Kitsuné) lograron congregar a un gran número de gente (muchos de ellos, expectantes por Phoenix). Lo de Parcels fue genial, el grupo destaca por un modo de entender el funk como un punk entendería el rock, ya que de un modo simple (su música no destaca por la pericia de ninguno de sus músicos) saben sacar un partido exagerado a su sonido, que fue portentoso. También me gustó la idea de plantear un concierto como una fiesta, una fiesta de los 80, donde solo sonaran hits de Giorgio Moroder y Pat Benatar.

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Era el turno del gran cabeza de cartel de la noche, Phoenix. Siempre me he considerado un admirador de Phoenixno se porqué tenia esa burda idea en la cabeza que me encontraba ante un grupo especial, distinto, sin embargo, en su directo me di cuenta de que no era así. Venían a la Masía para presentar su reciente y discreto Ti Amo (Glassnote, 2017). Despilfarraron dos de sus mayores hits al principio, Entertainment y Lisztomania, y fue cuando nos dimos cuenta que Phoenix vive de pocos hits y sin embargo no goza de un gran directo, ya que honestamente la mitad del concierto fue soporífero. Ahí llegó al final y Thomas Mars se dio un baño de masas (como ya es típico), y volvió a otorgar la emoción que perdieron al principio, un buen final para un concierto mediocre. Cumplieron con reservas.

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Para cerrar la noche asistimos al que quizá fuera el mejor recital de la jornada, y es curioso porqué poco o nada tenía que ver con lo estrictamente musical. Ese recital fueron Las Bistecs, y fue tal y como ellas propugnarían, divino. Básicamente divulgaban su electro-disgusting, (un movimiento creado por el propio grupo que defiende el pique y el gamberrismo ante internet) y a hacer vibrar a su público tras la actuación de sus “teloneros” (en sus propias palabras), Phoenix. Dejando a un lado el elemento trash y el humor negro, la música de Las Bistecs me hizo reflexionar, ya que quizá estemos ante uno de los grupos más costumbristas de los últimos años, sus letras eran de una fácil identificación con lo juvenil. Sin ir más lejos, dedicaron un tema entero al transporte público de Barcelona (al genial y divertido coro de, Clot Clot Clot…).

Viernes 30 de junio

Al día siguiente llegábamos pronto al recinto, ya que no nos queríamos perder una de las pocas citas que tiene PAVVLA en el circuito de festivales. El concierto fue en acústico, en el pequeño escenario El Vaixell (punto de encuentro de los conciertos más íntimos del festival), y se marcó un repaso extenso al entrañable a la par que desgarrador álbum Creatures (Luup Records, 2016). Ella es una de las grandes nuevas promesas del panorama nacional, hecho que queda reforzado por su edad (21) y su amplio registro vocal. Gran concierto para un pequeño escenario.

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No nos movimos de ese acogedor lugar ya que llegaba, como si de un terremoto se tratase, Lidia Damunt. La murciana afrontó ella sola (ante un gran público), armada con tan solo una guitarra, un pequeño bombo, y una armónica la responsabilidad del directo. Como cabía esperar, teniendo en cuenta la potencia de su último disco Telepatía (Auto editado, 2016), Lidia Damunt ejecutó un portentoso y frenético directo con grandes dosis de verborrea y gamberrismo, marcado por problemas accidentales que quedan al margen de su actuación. Como emotivo final, Damunt invitó a integrantes del público a cantar con ella Bolleras Como Tu (una de las canciones más destacadas de su último trabajo), entre los que se encontraba Hugo Sierra, a quien pudimos ver en Almo2bar hace unos meses.

Era el turno de los madrileños The Secret Society, anunciando que ese podía ser su último concierto en mucho tiempo. Los de Pepo Márquez efectuaron un directo arrollador, con quizá el mejor sonido que recuerde de todo el festival, y es que la propuesta resultó tan irresistible como emocional (teniendo en cuenta las canciones de la banda, no es difícil emocionarse). No obstante hubo momentos de soslayo, como en la maravillosa En La Sala del Guernica. Tuvimos la suerte de que avanzaran material de su nuevo disco, Hacemos Ruidos Raros al Rompernos, el cual en teoría verá la luz este año. Un excelente concierto que quedará para el recuerdo de todos los asistentes.

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Debido a las energías gastadas (y por la coincidencia horaria) en The Secret Society, no nos quedó más remedio que perdernos (con gran lamento) a Devendra Banhart, una de las grandes citas del festival. Visto el despiste, nos quedamos para ver a otra de las grandes apuestas del festival (aunque no sea un gran grupo), Tversky. Curiosísimo dúo que ralla entre el experimental y el dance y el cual se ayuda por instrumentos tan brillantes como dispares (flauta y saxofón).

Tras este pequeño encuentro con Tversky, nos pusimos a la espera de Los Punsetes. Salvaje y estático, así podríamos definir el concierto de Los Punsetes, que se encontraban en Vilanova para presentar su reciente y contestatario Viva! (Mushroom Pillow, 2017). Los pogos no tardaron en llegar y el polvo se levantó como si de una tormenta de arena se tratara en el escenario La CovaEnergía contenida y un gran sonido definieron al 100% lo que fue esa pequeña parte de la noche.

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Llegábamos justos para ver al gran reclamo, ya no de la jornada, sino de todo el festival, The Flaming Lips. Los de Wayne Coyne dispusieron uno de los sets más megalómanos que yo haya visto nunca (quizá demasiado para el Vida). Coyne interpretó a la perfección el papel de maestro de ceremonias ante un espectáculo basado en lo kitsch y grotesco (desde hinchables gigantes hasta el baño de masas con bola). Tanta parafernalia ejerció como tapujo idóneo de un mediocre sonido y pobre aunque grandilocuente audición. Nos deberíamos preguntar si algún elemento fascinatorio de ese concierto tenía algo que ver con lo estrictamente musical, ya que yo solo vi a un grupo pagado de sí mismo durante hora y media. Lo dejo a vuestro juicio.

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The Flaming Lips quedaron totalmente eclipsados por el buen hacer de Guille Milkyway y su Casa Azul. Un desenfrenado no parar de hits, a lo que se sumó un público extremadamente entregado y dispuesto (la iniciativa tomada en la última canción será algo que recuerde toda la vida). Milkyway hizo un repaso a toda la carrera de la banda, en especial a La Revolución Sexual (que gozó el año pasado de una excelente reedición). Armados con una puesta en escena espectacular (y un atuendo fuera de lo común), La Casa Azul realizó el que probablemente haya sido su mejor concierto, y no lo digo yo, sino el propio Milkyway. Apoteósico.

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Sábado 1 de julio

La última jornada del Vida dio comienzo en uno de los escenarios menores, El Vaixell. Los protagonistas se llaman Rosalía y Raul Refree. Creo que no sería el primero en no exagerar cuando digo que el escenario se les quedó pequeño, y no porque ambos músicos tengan unas dimensiones especiales (o lleven consigo algo enorme), sino porque la muchedumbre que arrastraron fue apabullante, nunca había visto algo parecido. Y es que el directo lo vale, la pasión desbocada que fluye por sus cuerdas vocales es palpable hasta en el aire, sumada a la mezcla de revisionismo (encontramos en su música la idea de asociar el flamenco con el pasado) y modernidad (acentuado por la guitarra de Refree) hace que sea una de las colaboraciones más importantes de la música nacional en estos últimos años.

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Nos pasamos a ver a Mishima, ya que hacía ya unos años que no los veía (aunque tocaran el pasado Primavera Sound). A pesar de no ser uno de mis grupos nacionales predilectos, creo que siguen en forma y es una banda que merece la pena ver en vivo, en especial por la calurosa relación de su “frontman“con la audiencia.

Antes de que concluyeran Mishima, nos fuimos a coger buen sitio para los belgas Warhaus, de los cuales no conocíamos más que el nombre y el pasado de uno de sus miembros (integrante de la genial banda Baltazhar). La sorpresa fue total, el virtuosismo, el pop y la chulería se hicieron con el escenario La Masía para otorgarnos una odisea oscura y sensual. Al más puro estilo Nick Cave, el grupo encabalgaba melodías rock, pop y hasta reggae con gran soltura, sin duda uno de los descubrimientos más interesantes del festival.

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Y llegó llegó llegó, el grupo que (según Dani Poveda) siempre había querido traer el Vida Festival, Fleet Foxes. Los de Robin Pecknold venían a presentar el que quizá sea su álbum más rico en matices (después de la marcha de Joshua Tillman, actual Father John Misty), Crack-Up (Nonesuch Records, 2017). Los americanos estuvieron eclécticos ante un disperso público que no dudó en corear los hits más sonados del grupo, dando a entender que quizá no era el cabeza de cartel idóneo para un festival. No obstante, fue un digno recital.

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Después de unos tebios Fleet Foxes nos íbamos a ver a Warpaint, una de las promesas que descubrimos en ese venerado Primavera Sound 2014. Creo que han perdido mucho fuelle, toda esa energía con la que salieron al principio ha sido substituida por tedio y monotonía. Fue un concierto que no iba a ningún lado y que decidió establecerse en piloto automático. Claramente decepcionante.

Lo que no fue para nada decepcionante fue la energía de unos Jagwar Ma desatados. Su directo es como ir a otro planeta, como sentirse de nuevo un extraño. Si hubiera algún adjetivo que podría acercarse a definir el tipo de directo que nos tiene acostumbrados esta formación es penetrante, y esa noche no fue menos. No recuerdo otro concierto en el festival que se me hiciera tan fugaz y espectacular, pero nunca renunciando al baile.

¡Hasta aquí nuestra crónica del Vida Festival 2017! ¿Estuvisteis allí? ¿Cómo fue vuestra experiencia?

Imágenes primera y segunda jornada: Martí Bech

Imágenes tercera jornada: Vida Festival (Ray Molinari, Christian Bertrand y Mika Kirsi)