Crónica Foramuralla 2017


Este pasado fin de semana tuvimos la oportunidad de asistir al Foramuralla, un festival celebrado en la localidad de Vic –a 60 km de Barcelona– que a pesar de su formato reducido destaca por su propuesta ambiciosa. El cartel del festival lo conformaban tanto artistas locales como prometedores talentos a nivel internacional, y la mayor parte de la programación tuvo lugar durante la tarde-noche del sábado. A continuación os contamos cómo vivimos cada uno de los conciertos:

El encargado de abrir la tarde fue Steve Smyth, un australiano afincado en Barcelona que apareció encima del escenario acompañado solamente de su guitarra eléctrica. A pesar de que el hall donde tenía lugar el concierto inicialmente se encontraba bastante vacío, Steve lo dio todo des del principio, dotando de un sentimiento enérgico las distintas piezas que interpretaba. Estas devenían montañas rusas, con subidas, bajadas y también un tanto imprevisibles. Poco a poco fue llegando más gente, y Steve tejió una telaraña con su vozarrón desgarrado que nos dejó a todos atrapados. En algunos momentos incluso se permitió cantar sin micro, no faltaron los aporreos a la guitarra, y también nos dedicó algunas palabras en español. Cayó un cover a capella de “A Change Is Gonna Come” (la que empieza diciendo “I was born by the river”), y al final, con la sala ya llena, recibió una ovación más que merecida.

Foramuralla

A los barceloneses Olivemoon les tocó abrir el escenario principal del festival. Yo no los había escuchado nunca, y la verdad es que, desde un buen principio, me sorprendieron muy gratamente. Su buena ejecución, pero sobre todo, su propuesta distinta, original y también ambiciosa fue lo que más me llamó la atención. Para empezar, el grupo lo conforman seis jóvenes, seis jóvenes inquietos que no se conforman con tocar un mismo instrumento, sino que a lo largo de su actuación algunos de ellos van rotando por el escenario: la chelista de vez en cuando nos demostraba sus nociones de piano, y el guitarrista en ocasiones se sentaba en otra batería dispuesto a hacer un duelo en las baquetas con el batería principal. Además, contaban con un trompista que, si bien él no cambió de instrumento, también daba mucho juego. Con toda esta formación los jóvenes interpretaron piezas en forma de progresiones épicas que se iban construyendo poco a poco y, eventualmente, evolucionaban.

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En ese mismo escenario, seguidamente tuvo lugar uno de los conciertos más peculiares de la velada, el de Ryder the Eagle. Se trata de un chico francés que en directo actúa solo, acompañado únicamente de su guitarra eléctrica y un aparato electrónico que le sirve para lanzar las bases rítmicas de sus composiciones. La primera mitad del concierto se desenvolvió de forma bastante normal: iba lanzando bases, cuando no cantaba se marcaba algún que otro bailoteo y habitualmente terminaba de forma brusca sus canciones. No obstante, en el ecuador de su actuación decidió empezar a bajar entre el público, se quitó la camiseta con un gesto furioso, e incluso llegó a subirse a la barra del bar para, posteriormente, regalar una ducha de cerveza fría a la multitud que se encontraba en la trayectoria de su lanzamiento. Toda esta escena pudo llegar a recordar al concierto que Mac DeMarco ofreció en el pasado Primavera Sound. A mí personalmente su actuación no me convenció, pero reconozco que esta parte final estuvo entretenida.

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Volvimos al hall para presenciar la actuación de PAVVLA. Al tratarse de una artista local, yo personalmente ya había tenido la ocasión de verla en directo un par de veces, pero me apetecía moverme a ritmo de sus composiciones. Además, en esta ocasión estaba acompañado por dos músicos y no faltaron sus versiones de “Do I Wanna Know”, y “Drop The Game”. La joven artista volvió a demostrarnos sus dotes de actriz, que complementan muy bien su delicada voz. No obstante, fue una pena porque entre que el hall se quedó pequeño, y que se oía a un volumen demasiado alto el murmullo de la gente del final, las condiciones no fueron las mejores para poder disfrutar plenamente de su concierto.

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Ya estaba todo listo para uno de los momentos más esperados de la noche: la actuación de los británicos Flyte. En las primeras filas se podía observar a algún fan de la banda esperando con ansias a los cuatro jóvenes, en el que iba a ser su primer concierto en la Península. Sus armonías a distintas voces han sido comparadas con –ni más ni menos– que las de los legendarios Beatles, y durante estos últimos años han recibido elogios por parte de los principales medios musicales ingleses, pero todavía no habían tenido la oportunidad de pasar por nuestro país. Se subieron al escenario, y lo que nos regalaron durante esa hora de concierto, fue algo increíble, hasta llegar a un punto que muchos nos quedamos sin palabras. No tuvieron suficiente con ofrecer una interpretación magistral de sus canciones, sino que cuando estaba a punto de terminar su espectáculo, nos deleitaron con “Archie, Marry Me”, una pieza a capella en la que los cuatro miembros del grupo se convierten en un coro espectacular. Ni una desafinación, parecía música celestial, todavía no lo hemos asimilado. Clausuraron su actuación con una celebrada Faithless y en todo momento se mostraron felices y próximos al público, con el que interactuaron con genuincidad y simpatía. Sin duda, si siguen por este camino, pueden llegar muy lejos.

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Pau Vallvé era uno de los artistas locales más esperados del Foramuralla, y este hecho se pudo palpar al escuchar la cantidad de gente que se sabía la letra de muchas de sus canciones, unas piezas cargadas de contrastes, y con unas melodías vocales que en muchas ocasiones, en vez de estar formadas por palabras, lo hacen fonemas vocales modulados frecuencialmente en el tiempo. Acompañado de tres músicos más, Pau se mostró cercano, y consiguió hacernos bailar, especialmente en la recta final de su actuación.

A continuación fue el turno de Joel Sarakula, un australiano con mucho flow que se subió al escenario dispuesto a hacernos mover el esqueleto ritmo de sus piezas funky. Nos hizo cantar, y también se permitió pasear saltando entre el público en una ocasión. Quizás había menos gente que en los conciertos anteriores –empezaba a ser tarde–, pero los que estábamos allí lo disfrutamos.

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Finalmente, la noche se clausuró en la Jazz Cava, la sala de conciertos de los organizadores del Foramuralla. Los Power Burkas, con su energía, complicidad y rock’n’roll desenfadado fueron los encargados de cerrar la jornada.

Realmente me fui muy contento del Foramuralla. No solo me permitió descubrir a artistazos, tanto locales como internacionales, sino que además me brindó la oportunidad de presenciarlos en directo con unas condiciones privilegiadas –lo de Flyte fue otro nivel–. ¡Por más festivales como el Foramuralla!

Imágenes propias.