Crónica Kutxa Kultur Festibala 2017: Ni el barro puede con nosotros


Nuevo recinto, meteorología desfavorable, contratiempos con los horarios… Parecía que la nueva etapa del Donostia Kutxa Kultur Festibala no empezaba con buen pie, pero nada más lejos de la realidad. Los asistentes, provistos de chubasqueros y botas, plantaron cara al mal tiempo y afrontaron estos dos días de barro y buena música como nadie.

VIERNES

Caían las primeras gotas a nuestra entrada al festival. Zea Mays nos recibía en una carpa abarrotada, ya sea porque lloviese o porque la gente tenía ganas de Aiora y los suyos. Ella misma decía, <<otro día habríamos dicho, joder, que mal tocar en la carpa, pero hoy nos ha venido bien>>. No faltaron sus temazos “Negua joan da ta” o “Kukutza III”, canción con la que cerraron su set. Aun así, se echó en falta “Orain”, canción en la que colabora Santi Balmes, vocalista de Love of Lesbian, que tocaría más adelante en el escenario principal.

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Nos movemos al próximo escenario Keler para ver a uno de nuestros must. Francois & The Atlas Mountains saltaba al escenario un poco tarde, pero con ganas de animar al desangelado público, que seguía con chubasqueros y con caras de frío. Abrieron con “Grand Dérèglement”, una de nuestras favoritas, para poner a tono a los que nos encontrábamos ahí. Los bailes sincronizados del percusionista, el teclista extramotivado y el vocalista, que transmitía ternura con sus letras, nos tenían enganchadísimos. Escuchamos temas que nos encantan como “La Vérité”, aunque en directo peligre con ser repetitiva, o la preciosa “Le Fille Aux Cheveux de Soie”, y no se dejaron ningún imprescindible en el tintero.

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FOTO: Oier Zearreta.

El siguiente en llenar la carpa del escenario Matusalem era Jeremy Jay, a quien acudimos con bastantes ganas de escuchar. Puede que sea por las expectativas que teníamos puestas en él o que no era su mejor día, pero su voz no era la que esperábamos oir. Rota a ratos, desafinada o desacompasada a otros… huimos espantados a esperar a Love of Lesbian.

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Love of Lesbian era uno de los grupos más esperados de la primera jornada. Santi y los suyos se hicieron dueños y señores del festival incluso antes de pisar el escenario, congregando el mayor número de asistentes de todo el día. El público aguardaba con ansias y la verdad es que no decepcionaron. Tocaron varios temas de su último trabajo El Poeta Halley, pero tampoco faltaron himnos como “1999” o “Club de fans de John Boy”. Fue todo un espectáculo cargado de temazos, luces espectaculares y visuales envidiables; aun así, el tiempo que les concedieron fue un tanto limitado, y se vieron obligados a sacrificar varias canciones que entre el público se echaron de menos. En general fue un show bastante logrado, pero la lluvia hizo que el momento estelar en el que Santi suele bajar al público se echara en falta. Con ellos despedimos nuestro primer día del Kutxa, a falta del cabeza de cartel The Jesus and Mary Chain que, por desgracia, no nos decía mucho.

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SÁBADO

El barro y el frío seguían siendo los co-protagonistas del festival, aunque gracias a las lonas puestas por la organización en los puntos negros del recinto pudimos disfrutar de una jornada más apetecible. Nuestra segunda jornada del festival donostiarra comenzaba con The Divine Comedy en el escenario Keler, que salió al escenario casi con un edredón por encima. El frío pudo con el irlandés, que decía tener <<congelada hasta la nariz>>. Su set, tranquilo y con aires tradicionales, no acabó de encandilar al público que, salvo primeras filas, estaba más al palique que al cante. Sorprendió al entremezclar “Blue Monday” de New Order a mitad de “At the Indie Disco”.

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Tras ellos nos dedicamos a explorar un poco el nuevo recinto, que ganaba espacios bajo techo, muy agradecidos en esta edición. Los puestos de artesanía ocupaban los puestos de apuestas del hipódromo y hasta había una máquina que dispensaba poemas de diferentes temáticas e idiomas. Bajo ese mismo techo se encontraba el Hidden Stage, que de Hidden tenía lo que AC/DC de reggaetón, donde Luma comenzaba a tocar sus primeras canciones.

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El slot de Luma no fue muy acertado, y es que The Drums ya se encontraban en el escenario Keler, y hacían solapar su sonido con el del Hidden. Nos dirigimos a donde los neoyorquinos, quienes tampoco comenzaban con buen pie su actuación. Las primeras notas de “I’ll Fight for Your Life” sonaban, pero la voz de Jonathan Pierce no existía. Poco despues se dieron cuenta del fallo y cortaron para arreglarlo y seguir con “Best Friend”. No tardaron en caer dos de sus temas más celebrados Let’s Go Surfing” o “Money” pero, tras estas dos uplifteras canciones, el show se tornó lineal y demasiado plano, y Pierce se dedicaba a pasear por el escenario y a hacer florituras con su micrófono.

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Nuestra siguiente parada fue Vulk en el escenario Matusalem. Constatamos su crudeza y su duro directo, que cobraba especial vida bajo la carpa con las primeras filas llenándose de pogos y empujones. Los bilbaínos triunfaron y no dejaron ningún fleco suelto. Disfrutamos de “Zaldia Burning” o “Something Internal”, dos de nuestros temas favoritos del cuarteto, antes de marchar a coger sitio para los cabezas del día.

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5 años sin presentar nuevo material, pero The Hives no paran de girar. Pelle Almqvist, animal escénico y showman circense a partes iguales, orquestaba el enérgico directo subido a bafles, andamios y a todo. A la primera de cambio despacharon varios temazos como “Come On!” o “Hate to Say I Told You So”, por eso puede que el ánimo del público fuese decayendo a medida que avanzaba el show. Pelle, por su parte, hacía todo lo que podía por mantener a los asistentes en la cresta de la ola; por desgracia, lo intentaba tanto y tan fuerte que podía llegar a ser repetitivo y volverse cansino.

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A los movimientos del sueco por todo el escenario y foso le seguía un compañero de backstage vestido de ninja, cuyo único cometido era el de alargar el cable allá a donde Almqvist iba, y el de recoger y ordenar los bafles que movía. Un auténtico personaje. Una eterna “Tick Tick Boom” después salieron del escenario, para volver al de poco al grito de “Beste Bat” (una más) y tocar “Bigger Hole to Fill” y “Patrolling Days”.

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Hercules & Love Affair era nuestra última cita con el escenario Keler. El trío queer de NYC saltaba al escenario y ya sabíamos que llegaba la hora de bailar. “Controller”, “My House” y una genial “Blindfueron lo mejorcito del directo bailable de los neoyorquinos que, pese al suelo ya maltratado y embarrado, no dejaron a títere sin baile. Las llamadas al respeto y al meneo de Andy Butler se entremezclaban con los increíbles vocales de Rouge Mary y Gustaph, que acudieron al show con atrevidos modelitos. Tanto baile y sonido nocturno nos dejó con ganas de más, y nos vimos obligados a seguir la fiesta en Paddock, la nueva zona electrónica del festival, en la que disfrutamos de los beats de Erol Alkan hasta que las fuerzas flaquearon.

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Si algo ha ganado el Donostia Kutxa Kultur Festibala con esta nueva etapa es en capacidad y en movilidad, pero todavía quedan por limar fallos como la estructuración de los escenarios y el aportar algo más de vida al recinto con actividades paralelas; fallos, todos ellos, comprensibles en una primera edición en un recinto nuevo. Y aunque la climatología, esa gran incógnita aquí en el norte, nos haya medio chafado el festival, ¿a quién no le gusta embarrarse en un festival como si estuviera en Glastonbury?

PHOTO: Javier Rosa, Oier Zearreta.

  • Sergio Gil Nicolay

    Que The Jesus And Mary Chain no os decía mucho?