Crónica Low Festival 2017: domingo 30


Último día de festival. Tras una welcome party estelar y dos días cargados de emociones y actuaciones espectaculares, llegó el momento de despedir el festival hasta el año que viene. Pero no fue una despedida amarga, estuvo tan a la altura como el resto de jornadas y nos fuimos más que felices del Low Festival.

Una gran despedida

El domingo nos ofrecía un cartel muy nacional en el que reinaba el indie patrio. Nos acercamos al recinto bastante pronto para poder disfrutar de Anni B. Sweet, que nos ofreció un concierto íntimo y cercano consiguiendo llenar de calidez el escenario Estrella Damm. Su actuación era una de las últimas previstas para la gira de su último trabajo Chasing Illusions, con el que lleva girando desde 2015. Fue un show muy especial en el que la malagueña y su banda no solo tocaron sus temas más conocidos, sino que también nos deleitaron con canciones inéditas que nunca llegaron a entrar en el disco.

La jornada siguió en el Estrella Damm, pero esta vez con Lori Meyers. Los granadinos se han colocado en la cima del panorama nacional a lo largo de este año con la reciente publicación de su último trabajo En La Espiral y en el Low Festival supieron estar más que a la altura. Su puesto como cabeza de cartel de esta edición fue más que merecido porque lo que presenciamos no se redujo a un simple espectáculo musical, sino que lo visual fue uno de los puntos más fuertes del show. Nos sorprendieron desde el minuto uno con paneles de luces espectaculares y unos focos cegadores que seguían cada nota a la perfección. Además, pudimos bailar con temazos míticos de los que siempre suenan en todos los bares, pero tampoco faltaron temas de su último disco que el público coreó con muchísima energía.

Tras Lori Meyers, llegó el turno de Mando Diao. Los suecos eran una de las apuestas del festival, una de las bandas más esperadas, pero quizás no dejaron tan buen sabor de boca. El concierto tuvo sus altibajos. Sin duda hubo momentos estelares en los que todo el público se dejó la garganta como cuando sonó “Gloria” o “Dance With Somebody”, pero también tuvo bajonazos y cambios de ritmo un tanto bruscos. La banda lleva unos años jugando al despiste o intentando buscar su sitio, pero parece que no llegan a encontrarse a sí mismos del todo. Lejos han quedado grandes álbumes como Hurricane Bar. Aun así, podemos decir que fue una hora cargada de diversión, bailes y buen rollito.

Decidimos ver a Mando Diao desde la grada VIP y he de decir que me parece un error la localización del escenario Jägermusic. Se sitúa justo detrás de la grada VIP, de manera que molesta con su música al público que intenta ver desde allí los conciertos del Escenario Estrella Damm. Pero no solo molesta a los espectadores de la grada VIP, ya que en numerosas ocasiones se pueden escuchar los graves del Jägermusic desde el Estrella Damm. Creo que es algo que el Low Festival debería solucionar para su próxima edición.

Después de Mando Diao empezó el momento de más mamarracheo de la noche. Llegó la hora de Fangoria y Alaska se hizo dueña y señora del escenario principal. Fangoria nos ofreció un show de luces, trajes brillantes, bailarines y temas míticos. No había una sola persona sobre el césped del Low que no cantase a pleno pulmón la mayoría de las canciones que sonaron. Pero el momento más destacable fue el final, en el que lejos de despedirse con su conocidísimo tema “Bailando”, se marcaron un mix con canciones que hablan sobre bailar, entre las que pudimos disfrutar de “Toro”, de El Columpio Asesino.

Pero aquí no acababa la cosa, queridos. A nosotros nos gusta mucho lo trash, así que nos fuimos al escenario Matusalem a bailar con Ojete Calor, que se coronaron como reyes de la noche. Saltaron al escenario con mucho salero y poca vergüenza. Si algo entra bien a las 3 de la mañana, son estos hombres diciéndole a Sarah Connor que corra, que le persigue Terminator 2. El concierto fue todo disfraces, luces y canciones con letras más sinceras que otra cosa.

La noche terminó con Ochoymedio DJs, que pusieron un broche de oro a esta edición del festival, pinchando temazos que habían sonado durante las tres jornadas, además de muchos otros que todo el público conocía más que de sobra.

En definitiva, una edición redonda en la que el Low Festival ha demostrado como crece más y más cada año. Nos prometieron una edición Gigantic Low y lo han cumplido con creces. Nuestra única pega, como ya he dicho, es el lugar en el que se sitúa el escenario Jägermusic. Por lo demás, nos vamos más que contentos y solo nos queda esperar con muchas ganas a la próxima edición del Low Festival, en la que cumplirá nada más y nada menos que 10 años.

FOTOS: JavierRosaPhoto