Crónica Low Festival 2018: un décimo aniversario de diez


El Low Festival acaba de celebrar 10 años por todo lo alto. Diez años cargados de carteles envidiables, que se han coronado con una edición espectacular. Con tantos años de experiencia a sus espaldas, el Low Festival ha sabido estar a la altura de lo que sus lowers esperaban. Y es que no solo el cartel ha sido de 10, sino que la organización y el ambiente en general se llevan un sobresaliente alto.

Desde Un Festival por Dentro hemos tenido la oportunidad de vivir tres días mágicos, cargados de sorpresas y momentos estelares. Ya esperamos con ansias los tesoros que nos traerá la próxima edición del Low Festival.

Viernes 27: el principio de una gran edición

El primer día entramos con ganas de descubrir los secretos que escondía el recinto. Contaba con la distribución habitual de escenarios, pero el de Jägermeister había cambiado de sitio para pasar a estar al lado de la entrada de la zona VIP Pool. Además, a su lado se alzaba una carpa enorme con forma de reno, que escondía un montón de concursos divertidos y premios.

Nuestra primera elección fue La Bien Querida, que hacía magia en el escenario Matusalem con su habitual delicadeza y buen gusto. Vino a presentar su último disco, Fuego, pero la exquisitez de este último álbum no consiguió brillar tanto como en formato digital, probablemente por tratarse de una actuación propia de festival, más que de sala. Después llegó la hora de La Plata, que sufrieron un cambio de horario y tuvieron que adueñarse del escenario de Jäger a eso de las 10 de la noche.

Foto por Javier Rosa

Empezaron con un grupo reducido de seguidores, pero poco a poco empezaron a caldear el ambiente y  consiguieron atraer a muchísima gente con ganas de pasárselo bien. De las veces que los he podido ver en directo, diría que esta ha sido la mejor sin duda. Fueron presentando los temas de su disco Desorden mientras dejaban claro que han venido para quedarse.

La noche siguió en el escenario Matusalem con un León Benavente más que estelar. Abraham Boba y sus baquetas voladoras conseguían sacar el lado más salvaje de los lowers con temas como “Tipo D”, “Gloria” o “Ánimo, Valiente”. Fue uno de los momentos con más garra de la noche. León Benavente puso banda sonora a la cálida noche benidormense con letras contundentes y sin reparos. Así, consiguieron reinar con la facilidad de quien respira.

Foto por Nerea Montejo

Tras la dosis de adrenalina que nos inyectó el rock patrio de León Benavente, fuimos al escenario principal a disfrutar del cabeza de cartel de la noche: Phoenix. Los parisinos saltaron al escenario Vibra Mahou acompañados por un cartel luminoso que rezaba el nombre de la banda y una iluminación de arco iris que empastaba a la perfección con las melodías alegres de los franceses.

Estuvieron perfectamente a la altura de su puesto como cabeza de cartel. Nos teletransportaron a través de un viaje veraniego por Roma con su reciente (y criticado) Ti Amo. Aun así, no se centraron solo en sus últimas piezas, ya que también hicieron un largo recorrido por sus mejores éxitos, como “Lisztomania”, “J-Boy”o “1901”. Fue un directo limpio con una calidad de sonido sobresaliente.

Foto por Javier Rosa

Sábado 28: un día para recordar

El sábado se convirtió en el mejor de los tres días para nosotras desde el momento en el que entramos al recinto. Mahou organizaba concursos todos los días, en los que tenías que buscar una bandera y podías obtener un premio exquisito. Decidimos probar suerte y el destino (o Mahou) decidió regalarnos un upgrade doble a VIP Pool. No se podía pedir más. Nuestra experiencia festivalera acababa de alcanzar el máximo nivel.

Nos fuimos más que contentas hacia el escenario Vibra Mahou, en el que nos esperaba una noche para recordar. Queríamos esperar a mis amados Biffy Clyro, así que cogimos un buen sitio y disfrutamos de los conciertos que esa noche nos tenía preparados el escenario principal.

La jornada empezó con Vintage Trouble. En un principio no se situaban en nuestra lista de prioridades, pero desde luego se llevó uno de los puestos más altos en nuestro ranking personal de conciertos del Low, y probablemente en el de muchos de los allí presentes. Ofrecieron un espectáculo fantástico mientras iba anocheciendo. Ty Taylor se coronó como el mejor frontman de la noche, haciéndonos bailar, saltar, gritar, aplaudir y emocionarnos.

Foto por Nerea Montejo

Tocaron varios temas nuevos, pero también temas míticos que la mayoría conocía y coreaba. Fue una de las bandas más entregadas a su público. No paraban de interactuar con nosotros y Taylor llegó a emocionarse dejando caer un par de lágrimas. Pero el momento más apoteósico fue cuando el cantante decidió cerrar el concierto lanzándose a surfear sobre la ola de público que lo recibió con los brazos abiertos.

Los siguientes en aparecer sobre el escenario principal fueron el cabeza de cartel nacional: Los Planetas. Ansiados por unos, detestados por otros. Yo, personalmente, aunque no llegue a detestarlos, no consigo pillarles el puntillo. Su concierto duró cerca de hora y cuarto y a mí me resultó un tanto largo y tedioso. La puesta en escena era simple e incluso lúgubre, con luces bajas y oscuras acompañadas de un constante humo blanco. No obstante, he de decir que la gente estaba emocionada, cantando las letras con los sentimientos a flor de piel.

Los siguientes en conquistar el Vibra Mahou fueron Biffy Clyro, uno de los platos fuertes de la noche y de la edición. Un coro melódico anunciaba su llegada, que estalló al ritmo de “Wolves of Winter”, el primer single se su reciente álbum Ellipsis. Fue un concierto breve pero intenso. En apenas hora y diez de espectáculo lograron que tanto fans, como curiosos se mantuvieran saltando y bailando sin descanso.

Foto por Nerea Montejo

El recorrido por el reciente Ellipsis fue más reducido de lo esperado; el trío escocés prefirió ofrecer a sus seguidores un espectáculo cargado de hits. Una mezcla de canciones de lo más melódico y alternativo con temas de sus primeros discos; más sucias, con más garra y rebeldía. Tampoco faltaron los momentos más sentimentales con baladas como “Re-arrange”, “Medicine” o la sentida “Many Of Horror”.

El espectáculo se acompañó de un juego de luces impecable que siguió el ritmo de las canciones a la perfección. Simon y compañía se despidieron del público más entregado del Low con la gran “Stingin’ Belle” entre aplausos y vítores efervescentes.

Mientras Biffy Clyro terminaba, Novedades Carminha ya empezaban a calentar el escenario Matusalem. No faltaron los últimos lanzamientos “Verbena” y “El Vivo al Baile” , adelantos de la nueva línea que la banda tiene pensado explorar. Pero por supuesto, el setlist fue navegando por una lista de temas que ya son himnos nacionales. La efervescencia de Biffy Clyro se mantuvo al máximo con los gallegos. Pero la gente ya estaba pensando en lo que estaba por venir en el escenario principal: The Chemical Brothers.

Foto por Javier Rosa

El espectáculo audiovisual que ofreció el dúo en el escenario fue de lo mejor del festival. Con una calidad de audio  de diez y con unas ilustraciones de infarto, el público estaba más entregado que nunca. La explanada del escenario principal (gradas incluidas) estaba a rebosar y todo el mundo se dejaba la piel bailando al ritmo de cada explosión sonora. Pero, como no podía ser de otra manera, con la conocidísima “Hey Boy, Hey Girl” el público enloqueció.

Domingo 29: una despedida por todo lo alto

Con la euforia y la lista de grandes espectáculos con la que contábamos el sábado, nos fue casi imposible disfrutar del upgrade que conseguimos, así que decidimos disfrutar de él en condiciones el último día de festival. Entramos al recinto con todo lo necesario para un buen chapuzón en la piscina y nos dirigimos a la zona VIP Pool. Allí nos esperaba un escenario con djs, una barra con cerveza gratis y una enorme piscina olímpica llena de los flotadores más pintorescos: flamencos, unicornios, donuts, chancletas enormes…

Un buen rato después, nos vestimos con nuestros outfits festivaleros y fuimos a disfrutar de los conciertos de la última jornada. El primer plato fuerte de la noche era, cómo no, Izal. El escenario principal estaba a reventar de fieles seguidores, que esperaban a la banda como agua de mayo. Nosotras, que no somos especialmente fans, decidimos probar la pantalla gigante de la zona VIP para disfrutar del concierto desde un cómodo sofá.

Mikel Izal y los suyos aprovecharon para explotar su reciente Autoterapia, pero sin dejar atrás los éxitos que los han llevado a la cima del panorama nacional. La masa de gente coreaba a pleno pulmón temas como “Qué Bien”, “La Mujer de Verde” y “El Baile”.

Foto por Javier Rosa

Tras la euforia colectiva que generó Izal y siguiendo una masa enorme de personas, nos dirigimos hacia la zona del escenario Matusalem para disfrutar de Niños Mutantes mientras cenábamos en la zona de restauración haciendo tiempo para el cabeza de cartel internacional de la noche: Editors.

Editors, que eran uno de los platos fuertes de la edición, no consiguieron congregar a tanta gente como el resto; incluso llenaron menos que otros nombres nacionales. La base del concierto fue su último álbum de estudio Violence. La voz envolvente de Tom Smith, los sintetizadores y unos riffs hipnóticos consiguieron crear una atmósfera que enganchaba a todo el que estaba por allí.

Aunque las nuevas canciones sonaron impecables, el público se entregó realmente con los éxitos que le han dado un nombre a la banda. Destacaron viejas glorias como “Smokers Outside the Hospital Doors” o “Munich. En general fue una propuesta muy acertada y perfectamente ejecutada, pero no llegó a conectar totalmente con los lowers.

Foto por Liberto Peiró

Nuestra jornada siguió en el escenario Matusalem de la mano de La M.O.D.A., que consiguieron reventar la explanada. Sumergieron al público en una mezcla de canciones de su último disco Salvavida (de las Balas Perdidas) y de sus anteriores joyitas. Todo el mundo desprendía alegría y coreaba hasta la última palabra de cada canción con un entusiasmo único. Si por algo destacó este concierto (además del sonido impecable), fue por la cercanía que mostraron con el público. Incluso David se animó a bajar del escenario y cantar junto a su séquito de seguidores.

Por último, nos despedimos de la décima edición del festival de la mano de los nórdicos Kakkmaddafakka. Fue una escasa hora de concierto en el escenario principal, pero una hora perfectamente invertida. Les dio tiempo a presentar temas nuevos y a hacernos saltar como nunca con sus típicos hits gamberros. Nos hicieron gritar, bailar y cantar y, por supuesto, nos dejaron con un buenísimo sabor de boca.

Foto por Nerea Montejo

No cabe duda de que el Low Festival ha sabido hacer los deberes y ha conseguido celebrar sus diez años por todo lo alto. Pero esta celebración no es más que un adelanto de lo que nos espera durante los próximos diez años. ¡Larga vida al Low Festival!