A refrescos no se aguanta el Metro Festival


El pasado sábado 20 de agosto, asistimos al cuarto festival de la temporada MetroDance. Como dijimos en nuestro artículo anterior, teníamos bastantes ganas de disfrutar de una jornada “intensiva” de música electrónica pero la situación se truncó un poco.

Nos fue imposible asistir a la Pool Party organizada por el equipo de Mola Club, y llegamos a casi las 11 de la noche. Justo cuando comenzaban los We Are Not Brothers.

Nada más llegar nos dirigimos hacia la taquilla para recoger nuestras entradas. Decir que todo fue muy rápido y eficiente y vimos que en este aspecto la organización era muy profesional y resolutiva. Se notan los años de experiencia del equipo, que demostraron en el trato al público e infraestructuras (salvando el deficiente sonido del escenario Indie).

Si tuviéramos que decir algún pero, serían los horarios. No entendemos cómo podía estar un grupo del estilo de los We Are Not Brothers a las diez y media, siendo un grupo contundente; en contraposición con Delorean o SIMØNE, los cuales son un tanto (bastante) más soft. Y bueno, el estar pidiendo un horario en papel y solo recibir negativas fue cuanto menos extraño.

No obstante, empezamos con buenas sensaciones ya que los We Are Not Brothers no suelen decepcionar en el que es, a nuestro parecer, el mejor directo de música electrónica que se puede ver como mínimo en la provincia de Alicante (si nos comparas un DJ set con un buen directo queda claro con qué nos quedamos). En formato banda, acompañados de guitarra y bajo, el grupo alcoyano tocaron temas nuevos como “Valencia ist gefährlich” y de sus anteriores trabajos como “Lost Town” o “Comboi”. Fue un directo potente y trepidante con una nueva inyección más electrónica, con claras influencias del techno alemán más oscuro y enérgico.

Tras los We Are Not Brothers, fuimos al que es nuestro sitio favorito de Metro, la hamburguesería. Sí, esas hamburguesas son jodida gloria y si a eso le sumas un trato tremendamente amable queda todo dicho: NOS FLIPAN.

Con el estómago lleno y con las pilas bien cargadas fuimos a ver a Delorean. Con opiniones encontradas al inicio del concierto (a uno le gustaban y a otro no tanto). Fue pasando el concierto y tema tras tema, uno de los dos tenía razón: el concierto fue aburrido. Nos flipó el batería eso sí, que además de tocar sin descanso tenía una camiseta homenaje a Zapp (el grupo más molón de la historia). No obstante uno de nosotros opinaba que para hacer la música que hacían no era necesario tener a cuatro tíos tocando, además de pensar que el cantante necesitaba un eterno talkbox (también muy Zapp eso) en su voz.

Tras la pequeña decepción ya era hora de tener alguna alegría más, en este caso South London Ordnance. El británico residente en Berlín nos dejó muy sorprendidos ya que nos ofreció un techno más sintético en comparación a la mayoría de DJs que había en ese momento, los cuales parecían una eterna caja de ritmos inacabable. Con este artista pudimos apreciar como jugó con tracks enérgicos combinados con temas más melódicos con pads y leads que te envolvían en una atmósfera de osciladores, filtros y envolventes.

Decir, que al estar el Techno Stage al lado del “Indie” aprovechamos para escuchar algunos minutos de Bass Spencer. En este caso y, en nuestra opinión, la sesión fue un tanto irregular combinando temas muy muy buenos con temas de menor calibre independientemente del estilo (¿estamos frente al neo-balearic?), cosa que le hacía perder a la sesión de cierta progresión y concepto.

Ya de vuelta al Techno Stage vimos como finalizaba South London Ordnance y comenzaba la contundencia de DVS1, en su set entendimos la razón por la que ha pasado por lugares como Berghain (tan de moda en estos tiempos) y ha realizado sets con artistas de la talla de Ben Klock o Jeff Mills. La verdad, esa tralla acabó con nosotros, pero qué tralla. Artista top.

Aunque para tralla la del Open Air Stage en el que todos los DJs que pasaron por allí se dedicaron a inyectar en nuestros cerebros tech house zapatillero 24/7. Razón por la cual, solo lo escuchamos de lejos sentados en un cómodo sofá (¿contradictorio verdad?).

Por ello, volvimos por enésima vez al escenario “Indie” donde estaba pinchando SIMØNE. Una sesión bastante comercial con poco riesgo que nos aportó más bien poco. Argumento suficiente para subir al escenario de arriba, el Main Stage. Y menos mal que decidimos subir, pues para nosotros fue el escenario que marcó la diferencia entre tanto bombo y platillo. Recién abierta la sala, los encargados de empezar fueron Five Points y Gregori, con una sesión muy tranquila y musicalmente superior a la de muchos de los escenarios. Pero el cansancio iba haciendo mella en nuestros cuerpos alimentados a base de cerveza y refresco.

Jodidos y reventados nos fuimos un tanto impotentes a casa por habernos perdido a Dasha Rush y Point Solé ya que son artistas cuyos proyectos nos molan. Mejor prevenir que tener un accidente, y como decía Stevie Wonder: “Si bebes no conduzcas”.

Para concluir, decir que el festival nos pareció excelente en muchos aspectos, pero echamos en falta un mejor cartel. Tal vez podría volver Jeff Mills a Metro, seguro que a los que amamos la electrónica nos haría muy felices.

FOTO: Metro Festival Facebook

AUTORES: EgoFunk y Drew Tendero