Crónica Sónar 2016


La semana pasada estuve en la vigésima tercera edición del Sónar, y a continuación os contaré mi experiencia.

Jueves 16 de junio


El jueves llegué justo a tiempo para presenciar la conferencia inaugural a cargo del músico, productor y pensador Brian Eno en el SonarComplex, el cómodo auditorio de la Fira de Montjuïc. Tras la breve bienvenida por parte de José Luis de Vicente, comisario de Sónar+D, Brian salió al escenario y deleitó a los asistentes con sus palabras. Durante su charla mencionó un dato interesante: a lo largo de la historia, el tamaño del cerebro humano se ha reducido en un 15% por cierto. ¿Y cuál es la explicación a este hecho? En la prehistoria, cada individuo necesitaba saber un montón de cosas para sobrevivir, pero con el paso del tiempo, las personas se han ido especializando en campos concretos, y ya no precisamos de un cerebro tan grande. Lo que realmente necesitamos es colaborar: somos más distintos que nunca, pero también somos interdependientes. Nos dijo que el arte y la cultura eran lo que unía el mundo, y que nuestro cuerpo se había convertido en una extensión de nuestro cerebro, puesto que jugar, hacer arte, supone una gran forma de aprender. Concluyó diciendo que el arte era para los adultos, lo que jugar es para los niños: estos últimos aprenden jugando, y los adultos juegan con el arte, “lo más importante que podemos hacer”. Supongo que ahora entendéis por qué la conferencia estaba titulada “Why we Play”.

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Después de esta inspiradora charla, tocó hacer la reglamentaria vuelta de reconocimiento al recinto del Sónar de Día, en la que aproveché para visitar “Earthworks”, la sugestiva instalación artística creada por los británicos Semiconductor de la que ya os hablamos aquí hace unos días.

El show tecnológico de Martin Messier, titulado Field, fue toda una experiencia sensorial. Me lo describieron como “el tío que hace música con campos electromagnéticos”, por lo que tenía mucha curiosidad para presenciar su show. Fue uno de los artistas que actuó en el ciclo “A Taste of Sónar+D by Mazda Rebels”, pero no lo pude ver en esa ocasión, así que esta vez no quise perdérmelo. Resulta bastante difícil describir este tipo de espectáculos, deben presenciarse, pero intentaré que os hagáis una idea. En el escenario había dos placas con agujeros sujetadas por un soporte cada una. En el inicio de la actuación, Martin se dedicó a conectar cables en los agujeros de las placas. Al hacerlo, se producía un estallido y empezaban a oírse distintos sonidos. Se pasó un buen rato conectando y desconectando cables. Más adelante, gracias a una fuente de luz que se desplazaba horizontalmente por el suelo, se conseguía un juego de sombras de lo más cautivador. De golpe, se apagaron las luces, y los cables se iluminaron, como si se tratara de rayos que se trasladaban de una placa a otra. Finalmente, Martin cogió un arco de violín y fregó enérgicamente los distintos cables, creando así un efecto abrumador.

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Aterricé por casualidad en el SonarDôme, donde estaba actuando la holandesa Sevdaliza y su música me atrapó. El DJ y el batería que la acompañaban se marcaron unos ritmos de lo más bailables, y ella, con su voz y sus movimientos, hizo una gran actuación, que también contó con unos interesantes visuales.

Había mucha expectación para presenciar el concierto de James Rhodes, un pianista clásico inglés, a quien nadie se lo hubiese imaginando actuando en el Sónar. Ni él mismo se lo creía: “I can’t believe I’m playing at Sónar”, estas fueron sus palabras tras la perfecta ejecución de la primera pieza de las cuatro que interpretó. Se había comprado incluso unos zapatos brillantes especiales para la ocasión. “We don’t need drugs at classical music, that’s why I’m so happy I’m playing at Sónar By Day instead of Sónar By Night”, continuó. La verdad es que su actuación me encantó, no solo por su increíble virtuosismo con el piano, sino también porque entre pieza y pieza se molestaba a explicarnos el contexto de cada obra, mostrando pasión y entusiasmo en todo momento. Cuando ya parecía que había terminado su recital, volvió a aparecer y se dispuso a improvisar “de la misma manera que lo hubiese hecho Beethoven borracho”. James Rhodes, un genio a quién la música le salvó la vida –investigad sobre su libro titulado “Instrumental”–.

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Mi último concierto del Sónar de Día fue el de David August. No lo había escuchado antes, pero he de decir que me sorprendió muy gratamente. Salió acompañado de un batería y un guitarra –lo cual fue un puntazo–, y los tres hicieron bailar sin parar al SónarHall entero con sus progresiones de beats potentes. ¡Una gran forma de terminar la primera jornada del festival!

Viernes 17 de junio


El viernes fue una jornada muy intensa. Llegué al recinto antes de las diez y media, y estuve hasta pasadas las dos del mediodía escuchando atentamente las distintas conferencias que tuvieron lugar en el Stage+D, escenario principal del Sónar+D.

La primera de las charlas trataba sobre STARTS, un proyecto a nivel europeo que tiene por objetivo promover la cooperación entre ciencia, tecnología y arte. La segunda sobre el potencial que tiene Minecraft como herramienta educativa que promueve la imaginación, la creatividad y la colaboración. Además, quedó demostrado que si te tomas este videojuego en serio puede llegar a adquirir un contenido profundo. Seguidamente, la conferencia titulada “Art with Data” juntó a un joven representante del Google Data Arts Team, que nos habló sobre atractivos proyectos artísticos de Google –como por ejemplo el Tilt Brush o el AR Music Kit–, con dos chicos del Domestic Data Streamers, un equipo barcelonés que busca crear nuevos lenguajes de datos elaborando “infoexperiencias”, para así conseguir dejar atrás la manera anticuada de representar la información con infografías. Finalmente, también me animé a quedarme en la charla que llevó a cabo Matt Clark, co-fundador del colectivo “United Visual Artists”, que nos presentó algunos de los fascinantes proyectos que han llevado a cabo.

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Mi primer concierto del viernes fue el de Sapphire Slows en el SonarDôme. A pesar de los problemas técnicos iniciales, la joven japonesa pudo continuar con su show y consiguió gustar a los allí presentes.

Tenía muchísimas ganas de presenciar el concierto de Ata Kak, un cantante de origen ghanés que me descubrió mi compañera Andrea (aka Drew Tendero) y cuya historia me llamó mucho la atención. Su casette titulado “Obaa Sima” (1994) pasó desapercibido durante más de 10 años, y no fue hasta 2006 que un musicólogo americano lo recuperó y lo presentó al mundo en el blog “Awesome Tapes From Africa”. Gracias a esto, el año pasado pudo ser finalmente reeditado y ahora Ata Kak se ha embarcado en una gira por toda Europa. El concierto fue genial, salió al escenario acompañado de cuatro músicos más, y lo dieron todo. Ata Kak disfrutó como un niño bailando –se marcó unos movimientos de lo más molonguis–, interactuando con el público, y rapeando. Las melodías frescas y los ritmos bailables de sus canciones que mezclan rap con funk contagiaron de buen rollo a los que estábamos allí presentes en el SonarVillage y nos fuimos todos con una sonrisa de oreja a oreja. De verdad, escuchad su álbum, y si tenéis la oportunidad, id a verle en directo, ¡realmente disfruté mucho de su concierto!

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Más tarde me adentré en el SonarHall para ver al rapero inglés Roots Manuva: me apetecía bailar al ritmo de canciones como “Don’t Breathe Out” o “Fighting For”. Me encantó que saliese acompañado de un batería y una corista. No obstante, desde mi humilde punto de vista, creo que algunas canciones no sonaron del todo bien. Me hubiese gustado quedarme hasta el final del concierto, pero antes de las ocho me dirigí hasta el escenario SonarVillage, donde iba a tener lugar la prometedora actuación de Santigold, el nombre artístico de Santi White.

La artista estadounidense, que a sus casi 40 años se mantiene de lo más divina, presentaba su tercer álbum titulado “99 cents”, hecho que quedó plasmado en la vistosa puesta en escena. En el escenario aparecieron bolsas de “Cheetos”, palos selfie, carritos de la compra… Ella y las dos cantantes/bailarinas que la acompañaban se cambiaron hasta dos veces de ropa y se marcaron unas coreografías de lo más originales. Al final del escenario también había un teclista/gutiarrista y un batería. Las canciones de Santigold entran muy bien, sin apenas esfuerzo, y el SonarVillage se convirtió en una fiesta. Uno de los momentos álgidos del concierto se produjo cuando Santi invitó a docenas de personas del público a subir al escenario, y aquello ya fue un descontrol total. Diversión máxima.

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Terminado el concierto de Santigold, me fui corriendo hasta el SonarHall para poder ver el final del concierto de John Grant. Ya lo había visto en el Primavera Sound de hace un par de años, pero me apetecía mucho volver a escuchar su mítica “GMF” en directo. ¡Llegué a tiempo! John se mostró simpático, hablando incluso en castellano, y su mezcla de folk y rock con electrónica fue bien recibida por los allí presentes. También me gustó mucho poder escuchar Disappointing, una de las canciones de su último disco titulado “Grey Tickles, Black Pressure”. Ay Johnny, ¡a ver si nos volvemos a encontrar pronto!

Llegué al Sónar de Noche y había mucha expectación para presenciar el estreno europeo de Anohni, el nuevo proyecto de Antony Hegarty –líder de Antony and The Johnsons–. El espectáculo empezó con la proyección de un vídeo donde aparecía Naomi Campbell bailando. Dicho vídeo duraba tan solo unos 20 segundos, pero se repitió en bucle durante 15 minutos: fue un tanto desconcertante. Finalmente, Oneohtrix Point Never y Hudson Mohawke salieron al escenario y dio comienzo el concierto en sí –aunque Antony no apareció hasta la segunda canción–. Durante todo el concierto estuvo encapuchada, con el rostro tapado, y cedió el protagonismo a las distintas mujeres –de diferentes etnias y edades– que aparecieron por las pantallas del SonarPub “cantando” las diferentes canciones. Aquello requería una sincronización milimétrica. Ella misma también apareció proyectada en algún momento. La verdad es que dichas imágenes intimidaban un poco, puesto que daba la sensación de que te estaban observando. Por lo que se refiere a los aspectos musicales, considero que la voz de Antony encaja perfectamente con la electrónica elegante de su último disco, y disfruté mucho escuchando sus canciones. Su espectáculo terminó con el vídeo de una mujer mayor que manifestaba su deseo de hacer del mundo un sitio mejor para vivir.

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Unos minutos después pude presenciar el principio del concierto de James Blake, otro de los grandes nombres de esta edición del festival. Salió puntual, acompañado de guitarra y batería, y nos encandiló a todos con sus cautivadoras canciones. Empezó con las más tranquilas, pero se ve que más tarde se animó la cosa, contando incluso con el rapero Trim encima del escenario. Yo solo pude ver el principio de su actuación, puesto que unos minutos más tarde empezaba el set de Flume en el SonarPub, ¡y no quería perdérmelo!

Había muchas ganas de ver a Flume en su primer concierto en España, y las gotas de lluvia que cayeron no asustaron a la gente: su set consistió en una sucesión de temazos y bailamos sin parar. Algunos de los más celebrados fueron la canción “Never Be Like You” de su último disco, la mundialmente conocida “Drop The Game” –que compuso junto a Chet Faker–, y “You and Me”, la canción de Disclosure que utilizó para cerrar un espectáculo que también contó con una puesta en escena muy guay.

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Sábado 18 de junio


El sábado llegué a tiempo para presenciar la actuación de los catalanes bRUNA y Wooky junto a la artista visual Alba G. Corral. A Alba la descubrí en el MUTEK hablando sobre #SUPPORTVISUALISTS, una iniciativa que busca reivindicar el papel de los artistas visuales, y tenía muchas ganas de descubrir lo que tenía preparado para la ocasión. Inicialmente solo aparecieron bRUNA y Alba en el escenario, uno frente al otro, y dieron comienzo a un espectáculo que nos transportó a otra realidad paralela: los cautivadores visuales encajaban a la perfección con la música y la mayoría de los que nos acercamos al SonarHall nos quedamos embobados, con la mirada fija en la pantalla, y escuchando atentamente las composiciones de bRUNA. “La música es el sentimiento, sensibilidad, concentración”, pronunciaba ahora una voz misteriosa. Eso sí, hubo un par de momentos en los que la música terminó de golpe y los visuales quedaron colgados, y aún no he podido deducir si se trató de un fallo técnico o realmente tenía que ser así. La verdad es que los visuales eran una pasada, me encantó el hecho de que la mayoría de los diseños eran progresivos, se iban creando con el paso del tiempo, avanzando al compás de la música… Pasados unos veinte minutos apareció Wooky, y los tres artistas se embarcaron en una segunda parte de lo más intensa con construcciones audiovisuales inimaginables.

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Muy a mi pesar me perdí el concierto del grupo de jazz canadiense BadBadNotGood. Ya me quedé con las ganas de verlos el año pasado –al final cancelaron su actuación–, pero era el aniversario de boda de mis padres y me escapé un momento para comer con ellos y con mi hermano pequeño. Mi amiga Anna Ferrer sí que estuvo allí, de manera que os puedo contar un poco cómo fue la cosa. Se ve que a pesar de la lluvia, congregaron a un buen puñado de fans que no querían perdérselos. Tocaron bastantes canciones nuevas y también se marcaron algunos solos que fueron aplaudidos por el público. Además, interpretaron un par de covers, una de Norah Jones y otra de Flying Lotus. El batería del grupo se dirigió en distintas ocasiones al público y todos se mostraron muy agradecidos: era la primera vez que actuaban en España y les hacía muchísima ilusión.

Aproveché la tarde para pasearme por el MarketLab del Sónar+D y descubrir interesantes e innovadores proyectos artístico-tecnológicos en los que están trabajando equipos, empresas y universidades de todo el mundo, como por ejemplo sistemas de audio binaurales 3D, instrumentos creados con impresoras 3D, nuevos aparatos que permiten crear música de una forma distinta… Me hubiese gustado probar alguna de las experiencias de realidad virtual que había en el espacio de “Realities+D”, pero había bastante cola, así que me fui hasta el SonarHall para ver el concierto de Oneohtrix Point Never.

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La verdad es que al principio me costó un poco entrar en su propuesta. Todo era bastante oscuro y un poco tétrico: la sala, la puesta en escena, los visuales, su música, la voz distorsionada… Aquello parecía una turbamulta de sonidos. Salió acompañado de otro chico que tocaba una especie de guitarra sin cabeza que en ocasiones sonaba como un bajo, y pese a la no muy buena impresión inicial, poco a poco su espectáculo me fue gustando más, le fui encontrando la gracia, y terminó siendo una experiencia interesante.

Mi último concierto del Sónar de Día en la Fira de Montjuïc fue el de Howling, el proyecto del australiano Ry Cuming junto al alemán Frank Wiedemann ¡y qué bien que me lo pasé! Sus canciones no son nada del otro mundo, con bases musicales senzillas y repetitivas, pero entran súper bien. La voz con encanto de Ry robó más de un corazón y las entradas de los beats fueron muy celebradas entre el público. Además, también contaron con un batería. Alguien por ahí dijo que “eran muy Kiasmos”, y la verdad es que sí que tienen un parecido. La puesta en escena también era bastante simple, pero ayudó a crear una atmósfera mágica en el SonarHall y supuso una gran forma de despedirnos de la edición diurna del festival.

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Aterricé con prisas en el recinto de la Fira Gran Via de L’Hospitalet, no para ver a New Order –perdonadme–, sino para poder presenciar la actuación de Mura Masa, nombre artístico de Alexander Crossan, el productor británico de tan solo 20 años que está revolucionando la electrónica actual. Me apetecía muchísimo moverme al ritmo de sus canciones, en las cuales han participado artistas revelación como Shura o Nao, y la verdad es que no decepcionó, más bien al contrario: ¡su actuación se me hizo muy corta! Valoré mucho el hecho de que, además de tocar en directo los teclados, un instrumento de percusión electrónica e incluso la guitarra, también saliese acompañado de una cantante. Encima, esta se mostró muy entregada, bajando incluso a saludar y a bailar con el público en un par ocasiones. Su actuación terminó con Firefly, y aquello fue genial.

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Finalizado su concierto me fui corriendo hasta el escenario donde aún estaban actuando los veteranos New Order. El SonarClub se había convertido en una gran pista de baile con gente de todas las edades, era una de las actuaciones más esperadas, –de hecho, conozco a más de uno que se compró la entrada del festival solo para verlos–, y no decepcionaron. El final con Blue Monday y Love Will Tear Us Apart de Joy Division fue de lo más celebrado.

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Seguidamente me desplacé hasta el SonarPub para bailar con el hip hop con toques funky de Kaytranada y estuvo guay. Contó con unos visuales muy coloridos basados en la portada de su disco “99,9%” y en los cuales aparecieron dibujos de soles, de donuts, de globos… Fue una buena forma de terminar este Sónar. Me hubiese gustado escuchar Eat, Sleep, Rave, Repeat de Fatboy Slim en directo, pero faltaban todavía más de dos horas para su actuación, y el cansancio acumulado de todo el festival empezaba a pesar. Ya había tenido suficiente rave, así que me fui directo a sleep

Si os soy sincero, la música electrónica no es mi género musical preferido, pero la principal razón por la que me encanta el Sónar es que se trata de un evento inspirador, que te hace viajar al futuro, y que te ofrece una multitud de propuestas seductoras. ¡Por muchos más años de Sónar!

Fotos: Sónar