Crónica Sziget Festival 2017: parte I


Aquel 17 de agosto de 2016 juramos volver a vivirlo. Juramos volver a la Isla de la Libertad y a Budapest. 12 meses después estamos en nuestro vuelo a la capital de Hungría, listos para otra semana de música, locuras y fantasía, mucha fantasía.

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Llegamos el 6 de agosto, tempranito, al aeropuerto Liszt Ferenc, ready para coger nuestra pulsera citypass y llegar a la isla para instalarnos. El sol brillaba y el calor apretaba, pero aquello no duró mucho. Marcarían las 5 de la tarde cuando todo se nubló, la lluvia hizo acto de presencia y la tormenta se adueñó del lugar. Tal fue el aguacero y el tormentón, que muchos de los vuelos que llegaban a la ciudad tuvieron que aterrizar en ciudades cercanas como Viena o Bratislava. Muchos de esos aviones llegaban cargados de szitizens que tuvieron que alargar la espera para llegar a la ansiada isla.

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Tras esa primera noche pasadísima por agua y con todo el festival embarrado (¿estamos en Glastonbury?) salimos de expedición por la isla y la ciudad. Nada había cambiado salvo el Cirque du Sziget que se movía a la parte sureste de la isla para doblar su capacidad. La isla se iba llenando poco a poco de szitizens hasta llegar al primer día (o el -1 como lo llama la organización), donde los escenarios se ponían, por fin, en marcha.

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Con Dubioza Kolektiv inaugurábamos nuestros sets del Main Stage. La verbena balcánica, también conocida por España, no dejaba a nadie sin bailar ni cantar. Digamos que es como La Pegatina de los Balcanes, mucha coreografía, mucho grito y mucho buen rollo. Tras ellos llegaron Billy Talent, con una escenografía increíble y una energía brutal. Supieron mezclar a la perfección canciones-himno como “Fallen Leaves”, “Surrender” o “Red Flag” con las de su último trabajo, Afraid of Heights; incluso tuvieron un momento para rendir homenaje a los fallecidos Chester Bennington y Chris Cornell con la canción “Nothing To Lose”. Sin duda un pedazo concierto con el que conseguimos sacarnos la espinita del BBK Live 2013.

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Como bien hizo el año pasado Rihanna, P!nk salía tarde al Main Stage. Los ligeros abucheos que se escuchaban pronto se silenciaron cuando el escenario se tiñó de azul y las primeras notas de “Get the Party Started” sonaron en la explanada. La diva pop parecía no atinar muy bien con las notas en la primera parte del show, hasta el punto de quitarse el micrófono de la boca y dejar que sus backing vocals hicieran el trabajo, menos bailoteo y más cantar Alecia.

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Todo eso fue quedando atrás mientras avanzaba el show con “Just Like a Pill”, “Try”, “Just Give Me a Reason” o “Funhouse” tras los que se sentó en medio de la pasarela junto a su guitarrista para cantar varias canciones en acústico. “Who Knew” o “Fuckin’ Perfect” cobraban un especial aura con la cantante tan cerca de su público, con el que interactuó varias veces, antes de seguir con varias covers y volver al escenario principal.

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La traca final llegó con “Sober”, “Blow Me (One Last Kiss)” o “Raise Your Glass”; nuestro yo teen estaba contento, pero faltaba algo. P!nk es conocida por sus circenses actuaciones y, hasta el momento, no habíamos visto nada de piruetas ni arneses ni nada. Todo cambió cuando, tras un pequeño break y al son de “So What”, la americana se amarró al arnés, se elevó y voló por toda la explanada dando vueltas y más vueltas. Todo lo que podíamos esperar de una artista como P!nk para cerrar, como es debido, el día inaugural del Sziget Festival 2017.

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FOTO: Rockstar Photographers.