El Primavera Sound de la juventud (parte I)


El festival más enorme y poliédrico a nivel nacional, el Primavera Sound, tuvo lugar hace un par de semanas. La gran presencia de música urbana y juvenil y la afluencia extranjera fueron los protagonistas de una de las ediciones más memorables de los últimos años.

MIÉRCOLES 30 DE MAYO

Mi compañero de fatigas y yo fuimos invitados al ático de un gran hotel de cuyo nombre ya he olvidado. El motivo de la cita era el esperado encuentro de los tres grandes mastodontes de la música urbana nacional: Yung Beef (miembro del grupo PXXR GVNG), C. Tangana y Bad Gyal. Una rueda de prensa mediática (casi llega ya al millón de visitas en You Tube), en la que el bueno de Puchito le dedicó unas no gratas palabras al rey Felipe VI a propósito del encarcelamiento de Valtonyc.

Interesante y fogoso diálogo que proponía una apertura temática abismal entre estilos moderada por una de las representantes de la escena preocupada por el mantenimiento y comprensión de la misma, Tita Desustance, del colectivo audiovisual El Bloque, que os recomendamos fervientemente. Quería reflexionar y destacar esta rueda de prensa y su importancia dentro del Primavera Sound, ya que como dijo uno de los invitados, en un cartel plagado de estrellas como Arctic Monkeys, Lorde o Asap Rocky, estos son los artistas de los que más se habla en el festival… Ya sea por su aceptación dentro del colectivo juvenil local, o porque es la música del futuro más inmediato.

Horas más tarde asistíamos a la jauría salvaje que se marcó Yung Beef en ese pequeño valle que era el Hidden Stage durante la jornada gratuita. El granadino trajo consigo una jaula (literalmente) como escenario donde se encerró Brat Star, la dj habitual del rapero a animar el cotarro. Cuando me pongo a reflexionar sobre este tipo de propuestas me cuestiono hasta que punto la idea férrea de concierto ha mutado hacia un espectáculo inclasificable (canciones pregrabadas, karaoke…), aunque lo olvido fugazmente y opto por el disfrute. Cuando por fin apareció (después de unos 20 minutos), la esplanada entera se vino abajo para otorgarle al monarca del trap nacional el reconocimiento y tributo que merecía. Como una gata en celo, Yung Beef acribilló a su joven público con los hits de la reciente mixtape ADROMIFCS 4, en la que conocemos a un Yung Beef totalmente desnudo rajando de la fama, del amor y de todo lo que encuentra por delante. Brutal recital vanguardista no recomendado para mentes herméticas.

Antes tuvimos la oportunidad de asistir a un show igual de salvaje con los americanos Starcrawler, a quien ya pudimos ver en el pasado Primavera Club 2017. La estupenda y salvaje líder de la banda Arrow De Wilde acabó danzando con los seguratas mientras se teñía la cara con sangre.

Pausa para cenar y esperar al gran reclamo de la noche, Belle and Sebastian. La banda escocesa, que no visitaba el Primavera Sound desde hacía ya tres ediciones, ejercía de cabeza de cartel del miércoles en una actuación tibia y sosa que no despertó demasiado entusiasmo entre los asistentes. La propuesta se desmarcaba del carácter juvenil del festival y viajaba hacia los últimos resquicios de la memoria del pureta musical. Parecen haber mutado hacia algo poco esencial, hacia un pop bailongo que no acaba de engrasarse con temas antiguos.

Media ciudad por delante hasta la Sala Apolo para darnos de bruces con Kedr Livanskiyi, la jovencísima artista rusa que con tan solo un ordenador y un par de sintetizadores colmaba su minimalista y arriesgada propuesta. Sin embargo, si bien comenzó de forma sugerente e hipnótica, acabó cayendo en el tedio y la monotonía en poco tiempo. El cansancio obligó a batirnos en retirada y a hacer bondad para los días venideros.

JUEVES 31 DE MAYO

Después de esa escueta primera jornada volvíamos con más ganas que nunca al Parc del Fórum para vivir íntegramente el festival tal y como se le conoce. Empezábamos visitando ese bucólico emplazamiento para la eléctronica, el Primavera Bits, una macroestructura dedicada exclusivamente a las propuestas más bailables a la par que experimentales del Primavera Sound. Bailamos al ritmo de los platos de Four Tet y Daphni junto a una tropa ebria de extranjeros sudorosos en xancletas, imagen que se repetiría durante todo el fin de semana.

Cruzamos el punte para llegar al escenario Pitchfork con la intención de ver a una de las bandas que más admiradores esta captando dentro y fuera de la escena, The Zephyr Bones. Los chileno-catalanes lo bordaron con una sucesión de Hits infinitos pertenecientes a Secret Place, su álbum debut. Un orgullo verles a pesar de las tendenciosas dificultades técnicas que no fueron para nada un obstáculo a la hora de volar con su actuación y transportarnos a un soleado romance que no termina (o no quiere terminar) nunca.

Nunca he entendido a la Art Ensemble of Chicago, el grupo de jazz experimental y rudimentario que basa su propuesta en la improvisación calculada hasta la obsesión. Si bien no me acabó de convencer por ese exceso de pretensión tan llevada al límite de lo abusivo, guarda uno de los mejores arranques del festival.

Para ser sincero, fui a este “evento” (guardaba más similitud con el formato de evento que con lo musical)  con ánimo de mofa y con un escepticismo que me llegaba hasta las cejas, pero mi ineficaz previsión hizo que acabara casi entre sollozos. Hablo de la arrolladora capacidad vocal de la ganadora de Operación Triunfo y concursante de Eurovisión, Amaia. La voz desnuda y la tímida y sincera presencia marcaron mi instante favorito de la jornada, en el que de nuevo el elemento juvenil jugó una pieza elemental contra el escepticismo pureta. Buenas dosis de Amaia en un show en el que La La Land cabalgaba junto a Reflektor, El Mató a un policia motorizado…

Me topé casi por casualidad con la sugerente propuesta basada en la excitación colectiva de Unknown Mortal Orchestra y la trasladaba a las primeras filas del verdadero cabeza de cartel del festival (con permiso de Bjork), Nick Cave y sus experimentados Bad Seeds. Pocas palabras existen para llegar a acotar con torpeza (ya ni aspiramos a la certeza clara) lo que se experimentó con el australiano en el escenario Mango.

Proyectando con un éxito arrollador los frágiles recobecos de su disco más trágico, The Skeleton Tree (que comulga entre lo funerario y lo pop), Nick Cave se desnudaba ante el público con una actuación que todos los asistentes calificaron como histórica y mágica. El magnetismo del músico provocó una apagada de moviles general, una rara avis dentro del panorama festivalero reciente. El tercer acto se constituyó con una veintena de personas (entre los que se incluye este redactor) junto al endiosado Cave encima del escenario Mango cantando los últimos temas del concierto.

Los sosos CHVRCHES trataron de mantener el tipo en un escenario que se les quedaba enorme. Las últimas trazas de lucidez se agotaron en ese precioso debut lanzado hace unos cuatro años, pero los escoceses siguen aferrándose a un estilo meloso y desfasado abocado al fracaso. Por otro lado, Bad Gyal ejecutó un show que dista en exceso de la sobresaliente calidad de sus mixtapes. No me acabó de convencer esa caótica y poco exultante orfebrería dancehall.

Despedimos nuestra segunda noche del Primavera Sound 2018 al ritmo de Four Tet en un oscuro show (ni una sola luz iluminando el escenario) que prometía más de lo que fue capaz de otorgar. El inglés estuvo correcto presentando los temas de su último disco, nos hizo bailar, trotar y alucinar, pero todo daba la sensación de quedarse a medias.

Esta es la primera parte de nuestra crónica del Primavera Sound 2018. ¿Te atreves con la segunda?

Fotos: Martí Bech (@martibech)

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