Crónica: Rancid y Green Day en el Mad Cool 2017


En nuestra crónica del Mad Cool 2017 no hablamos sobre los conciertos de Rancid y Green Day, por eso os traemos esta crónica de dos de los mejores conciertos que pudimos disfrutar en esta edición del festival madrileño.

Rancid, desfase con todas las letras

Para empezar, tengo que reconocer que no llegué a tiempo a ver el inicio del concierto de Rancid. De hecho, sólo llegué a tiempo para ver la última media hora. ¿La razón? El monzón que, de camino al Sudeste Asiático, pasó por Madrid, la media maratón necesaria para llegar al escenario principal del festival y bueno, por qué no, los últimos Barceló con Cola Zero.

Pero, ¿sabéis qué? Casi que lo agradezco. Al menos mi cuerpo lo agradece. Porque esa media hora de concierto fue un AUTÉNTICO DESFASE. No es que esté gritando, pero es que tengo que decirlo en mayúsculas, bien alto, bien claro: un desfase.

Lo primero que me sorprendió fue que Rancid tocasen en el escenario principal y que, acto seguido, Alt-J lo hiciese en el segundo. Por el tipo de festival, pensé, lo lógico habría sido más bien al revés.

Pero cuál sería mi sorpresa cuando veo que la masa humana que había acudido a ver a la veterana banda de Tim Armstrong llegaba hasta la torre de sonido, situada a muchos, muchos metros del escenario. La cosa empezaba muy, pero que muy bien.

Y seguía la cosa aún mejor cuando comprobé que mis sospechas eran ciertas: pogos por la izquierda, pogos por la derecha, pogos dentro de pogos. Todo era un gran pogo. Y me encantan, me ponen, los pogos.

Y la cosa mejoró aún más cuando, nada más llegar y asentarme en un bonito y pequeño pogo, suena “Fall Back Down”. El bonito y pequeño pogo se convirtió en un mediano y muy bello pogo que no dejó de crecer hasta el último tema de los californianos.

Con “Fall Back Down” se inició una maravillosa espiral de autodestrucción corporal que se coronó con los dos últimos temas temazos: “Time Bomb” y “Ruby Soho”, con la cual Tim se bajó del escenario para tocar entre el público.

Litros de sudor y sonrisas de oreja por parte de banda y público resumieron el tremendo bolazo de un grupo que con mezcla de punk, ska y rock nos transportaba a nuestra adolescencia. Era el entrante perfecto para lo que estaba por venir: Green Day.

Green Day: un auténtico espectáculo

Con Green Day llegaba por fin el que, para mí, era el plato fuerte del Mad Cool. No porque grupazos como Foo Fighters no se merezcan esa etiqueta, ni porque estén pasando por su mejor momento como banda. Ni siquiera porque los siga escuchando en mi día a día.

No. Green Day eran para mí la actuación estrella del festival porque ya les había visto tres veces y las tres veces disfruté como un crío (las dos primeras, de hecho, era un crío). Los californianos fueron la primera banda que vi en directo, allá por 2005, y ese show se grabó a fuego en mi memoria. Desde entonces, me prometí ir a verles cada vez que estuviese en mi mano.

Pues, 12 años después, y tras decenas de conciertazos a mis espaldas, vibré durante las dos horas y media de actuación casi tanto como aquel primer gran concierto. Momentos de saltos, momentos de pogo, momentos de cantar a viva voz, momentos de emocionarme con una guitarra y unas bonitas letras… Todo eso es Green Day: un auténtico espectáculo.

Un espectáculo en mayúsculas porque Billie Joe, Mike Dirnt, Tré Cool y el resto de músicos que les acompañan consigue que hasta la gente a la que no le gusta especialmente la banda disfrute de lo lindo. Porque Billie es el mayor showman que he visto jamás sobre un escenario y todavía me impresiona la facilidad que tiene de meterse a decenas de miles de personas en el bolsillo con un simple “eo” o con un par de movimientos de manos.

El concierto empezó tarde y entre dudas y polémicas por la triste noticia del fallecimiento de Pedro Aunión (nuestras sinceras condolencias), y durante un buen rato pensamos que no iba a celebrarse, lo cual hubiese sido perfectamente comprensible.

A continuación, cuando ya supimos que el trío iba a subir al escenario, tuvimos serias dudas de si íbamos a poder disfrutar del espectáculo, dado lo sobrecogedor de la situación… Pero, y sin que suene frívolo ni frío, Green Day se encargó de levantar el ánimo general en apenas unos minutos.

Con las primeras notas de “Bohemian Rhapsody” de Queen, las gargantas empezaron a vibrar, los pelos a ponerse de punta y los brazos a estirarse. Con la salida al escenario de la mascota del grupo, Drunk Bunny, las voces y los gemelos empezaron a prepararse para varias horas de mucho trabajo y con la salida del grupo… Pues joder, el éxtasis había comenzado.

“Know Your Enemy” abrió un setlist de 28 canciones en lo que fue un tremendo repaso a los casi 30 años –que se dice pronto- de carrera musical de los californianos. No hubo que esperar mucho para que llegasen los primeros hits, que además lo hicieron a modo de trío AmericanIdiotero: “Holiday”, “Letterbomb” y “Boulevar of Broken Dreams” sonaron seguidas apenas 10 minutos después del inicio de la actuación.

Pero ojo, que tras esta demostración de poderío del álbum American Idiot, llegó el turno de Dookie, para muchos uno de sus mejores discos, con “Longview”; a la cual se le sumarían, poco después, “When I Come Around” y “Burnout”.

Y, entre temazo y temazo, es cuando Billie Joe saca lo mejor de sí mismo. No exageraba cuando he dicho que, literalmente, es capaz de meterse en el bolsillo a 40 mil personas con un simple “eo” o con un movimiento de brazos. Hace lo que quiere con el público y el público se deja hacer, encantado. Se nota que a estos tres tipos les encanta España y el público español, como siempre nos recuerdan cada vez que nos visitan.

No dejan de interactuar, de hacernos movernos y cantar, de dar las gracias, de sonreír, de subir gente al escenario… Se lo pasan bomba, y eso se nota. No solo se nota en los gestos de Billie, sino en las sonrisas de Mike mientras hace virguerías con el bajo (por cierto, ¿os habéis dado cuenta de que tiene exactamente la misma cara ahora que hace 20 años?) o en los caretos que le pone Tré a la cámara cada vez que se da cuenta de que le están grabando.

Y si todo este show se mezcla con la exquisitez de los músicos que acompañan al trío –guitarras, saxo, teclados…- y la concatenación de auténticos y eternos hits como “Basket Case” y “She” o “American Idiot” y “Jesus of Suburbia”, el orgasmo musical está asegurado.

Por si todo este fuera poco, no faltaron sus habituales covers -nada más y nada menos que “(I Can’t Get No) Satisfaction” y “Hey Jude”– la colaboración de fans que, emocionados, subieron a cantar y a tocar algún instrumento (hubo un chaval que hasta se llevó a casa la guitarra de Billie) e incluso una colaboración de altura: Tim Armstrong, cantante de Rancid (que sepamos, no es primo de Billie).

Por supuesto, como todo gran show, el final de Green Day fue también grandioso. Con la banda ya camino de los camerinos, solo hicieron falta la presencia de Billie, una guitarra acústica y unas luces tenues para cerrar dos horas y media de auténtico lujo musical: tres canciones protagonizaron el segundo bis, y qué tres canciones: “Ordinary World”, “21 Guns” y, cómo no, “Good Riddance (Time of Your Life)”.

Tres temazos, sobre todo la última, que entre Billie y Madrid hicieron que nos dejáramos el alma y nos fuésemos de allí con los pelos de punta y la sensación de que habíamos vivido uno de los mejores conciertos de los últimos tiempos.

Así de rotundo.

FOTOS: Facebook Mad Cool Festival