Reading 2016: viernes al sol


Hace unas semanas disfrutamos del Reading Festival, en Inglaterra. A continuación, el repaso de nuestro largo primer día.

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¡Oh, los festivales británicos! Lluvia, barro, duchas de cerveza… Nada parece del todo malo cuando sabes que vas a tener la oportunidad de ver bien de cerca a grandes músicos a los que a veces les cuesta pasar por nuestro país. Después de un par de semanas a base de jarabes y pañuelos para recuperar la voz y energía que me dejé en Inglaterra, toca hacer un repaso a lo que nos dejó nuestra primera experiencia en un festival inglés, el Reading Festival 2016.

Para empezar cabe decir que tuvimos la gran suerte de ahorrarnos la lluvia y el barro. Aunque cayeran pequeños chaparrones de vez en cuando, el sol brilló más de lo que esperábamos y pudimos disfrutar de un Reading con cierto punto a Coachella, con outfits juveniles muy estudiados y mejillas apurpurinadas por doquier. Eso sí, los baños de cerveza se veían igual, volando entre el público en pleno concierto o en los propios campings donde encontrabas las más curiosas obras de arte hechas a base de centenares de latas. Descubrimos que de entre todos los festivales británicos Reading es el más popular entre los jóvenes que todavía están acabando el instituto, por lo que no era difícil reconocer muchas caras de entre 14 y 17 viviendo sus primeras borracheras o experiencias con otras sustancias. Pero al final, eso es lo de menos… ¡Hablemos de música!

Empezamos el viernes tirando a lo patriótico, con unas Hinds cañeras a la una de la tarde en el escenario NME. El grupo madrileño del momento, con el que muchos tenemos una relación amor-odio, compartieron la energía de los mejores temas de su primer álbum “Leave Me Alone” en los cortos treinta minutos de concierto. Sin dejar de lado algún ““Suavementeee, bé-sa-me” con el que sacaban su vena española, la banda convenció a su público y lo disfrutaron con sus ya míticas “San Diego”, “Garden” o “Davey Crockett”, con las que cerraron el concierto.

Nos movimos del NME con la intención de curiosear a Lower than Atlantis en el Main Stage, pero al final retrocedimos por donde habíamos venido para acoplarnos a la fiesta electrónica de Mura Masa. El joven productor se aseguró de hacer bailar a todo el que estaba apretujado bajo la carpa circense y nos convenció con el acompañamiento de la voz femenina que cantaba las partes de Shura o NAO en canciones como “Love for That” o “Firefly”, con la que cerró.

La sesión se nos pasó volando, y rápidamente nos fuimos nosotros también para no perdernos esta vez la gran locura que nos esperaba en el escenario principal. Con un solazo increíble de cara, a las cuatro de la tarde, salieron encapuchados en unos chándals naranja chillón un DJ enmascarado, una chica de pelo platino con voz de niña pequeña y un rapero tatuado hasta el pescuezo: los auténticos reyes de Sudáfrica estaban en el escenario. Hacía años que había descubierto por pura casualidad la gran “Enter the ninja” con ese fantástico estribillo que no sabías si tomarte en serio o no, y después de un “Fatty Boom Boom” cuyo videoclip me dejó alucinando, sabía que Die Antwoord tendrían mucho que ofrecer. Y efectivamente, los saltos y carreras hiperactivas de Ninja y Yolandi por el Main Stage, sus coreografías con bailarines envueltos en mallas de colores, los cambios de vestuario constantes (pijama de Pikachu incluído), y los explícitos (aunque ¿infantiles?) visuales que se proyectaban transmitieron energía por todos lados y mantuvieron a todo el público flipando mientras no paraban de saltar.

Die Antwoord Reading

De camino al lavabo me dio para escuchar de fondo la voz de Syd tha Kyd de The Internet y sorprenderme por el espacio a ese “soul del siglo XXI” que ofrecía en ese momento el escenario NME, y aprovechamos para ver un trozo de los californianos The Neighbourhood, que la verdad no me llegaron a transmitir gran cosa.

Pero nos sirvieron de espera antes del conciertazo de CHVRCHES. Ya lo empezamos con alegría por habernos auto-provisionado de bebidas gratuitas gracias a las buenas prácticas por el medio ambiente que ofrecía el festival: por cada 10 vasos de plástico tirados por el suelo que recogieras, te daban una libra. En cinco minutos de espera recogiendo vasos nos volvimos al Main Stage con casi “40 pounds” para gastar en hidratación para llegar justo a la vez que la voz de Lauren Mayberry empezaba a sonar. La banda se ha ido consolidando a lo largo de los dos álbumes que ya tienen y es una auténtica delicia verlos transmitir su buen rollo al público. Aún más cuando tocan en un perfecto atardecer soleado y además nos sorprenden, por parte de la organización, con intérpretes en las pantallas que “traducen” en directo las canciones a la lengua de signos para sordos.

Empezó el anochecer y se acercan los grandes cabezas de cartel. Nos atrevimos a meternos en medio del meollo para Disclosure, con la intención de ir acercándonos al escenario de cara al gran grupo de la noche, pero la locura de los británicos nos echó para atrás y yo personalmente empecé a largarme de los moshpits al minuto de empezar. Los hermanos Lawrence empezaron con un “White Noise” con el que la gente lo dio todo y terminaron con la famosa “Lacht” normalmente cantada por Sam Smith.

Entre medio, me animé a acercarme al NME Stage de nuevo para encontrarme con el que parece el grupo del momento del Reino Unido: Twenty One Pilots. La carpa estaba a rebosar, e incluso antes de empezar ya se notaban las ganas de cantar del público, que lo daba todo con las canciones del hilo musical pre-concierto. Pero es que fue salir al escenario Tyler Joseph, vocalista del grupo, y empezaron a doler los oídos de los gritos. Aluciné con la energía del grupo, del que no llegué a entender si explicaban una historia a través de su espectáculo, y la verdad es que me dejaron una sensación muy rara, no sé ya si por sus propios personajes, o por la mezcla de estilos musicales que ya se entrevé en su disco. El público, por otro lado, estaba totalmente ido. Cada vez que enfocaban a las primeras filas veías a los de seguridad sacando a jóvenes al borde de la deshidratación, más todavía cuando el baterista se subió a una madera que las primeras filas aguantaban sobre sus brazos ¡y tocó “Ride” con un bombo y un platillo que había enganchados! Crowdsurfing en todo su esplendor.

Twenty One Pilots Reading

Y mientras acababan con el famoso “Stressed Out” salí de entre la multitud como pude para disfrutar del concierto que todos esperábamos. Ellos mismos dijeron que Reading había sido el primer festival que había confiado en ellos y nueve años después allí estaban Foals, cabezas de cartel de la primera noche. Aunque nunca los he podido ver en sala, donde un concierto se suele disfrutar más, todos coincidimos en que se habían currado la puesta en escena que conllevaba la responsabilidad de un festival. Fuego, pantallas, confeti… No decepcionaron a nadie. Yannis Philippakis lo dijo a los pocas canciones del inicio: “si esto ya os ha gustado, ahora empieza la fiesta”. “My Number”, “Inhaler”, “What Went Down”… ¡Cómo lo disfrutamos! El cantante no dejó de acercarse al público en varias ocasiones, y acabaron dándonos el mejor regalo que yo deseaba oír: “Cassius”, gran single de su primer álbum que sólo este verano han empezado a volver a tocar después de varios años, en directo para todos nosotros.

Mis amigos y yo además nos fuimos de rebote con el setlist que Yannis pisó con sus bambas durante todo el concierto y una púa que aún desconozco si era de algún miembro del grupo de verdad o simplemente del hombre de seguridad que me la dio. Pero nos aseguramos irnos del Arena bien felices, ya sin voz en la primera noche, y listos para seguir la marcha durante dos días más.

FOTOS: Prensa Reading Festival (Jen O’Neill)