Vetusta Morla coloniza La Riviera


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Había ganas de Vetusta Morla, y vaya si se ha notado. Tres Rivieras a rebosar dan buena cuenta de ello, y estas no son las únicas citas que el sexteto tiene en la capital – el 20 y 21 de este mes volverán a actuar en el mismo recinto con las entradas ya agotadas-.

Lo que está claro es que Pucho y los suyos han sabido demostrar que los directos son uno de sus puntos fuertes, y en esta gira no iba a ser menos. El público ya había depositado su confianza en ellos comprando las entradas incluso antes de que el disco fuese publicado, y ahora le tocaba a la banda devolverles esa fidelidad a base de un espectáculo que estuviese a la altura. Dicho y hecho.

En la noche del sábado, pasados unos minutos de las nueve y con una Riviera abarrotada, hizo aparición el vocalista de los vetustos, quien despertó a los allí presentes aporreando las primeras notas de la canción que da nombre a su tercer disco, “La Deriva”. Tras estas percusiones iniciales se fueron uniendo al escenario el resto de componentes, dando así comienzo al recital.

Seguidas de ella, “Fuego” y “Golpe Maestro” consiguieron hacer vibrar a unos seguidores dispuestos a disfrutar de la noche madrileña. El grupo demostró de esta forma que no necesitaban recurrir a antiguos clásicos para iniciar el concierto y provocar la euforia de sus fans. En la misma tónica sonaron “La mosca en tu pared” y “Pirómanos”, dos joyas del nuevo disco con las que avivaron el fuego de una apertura intensa y contundente.

Sin embargo, no podían dejar de lado muchos de los temas que les han consagrado como una de las bandas más importantes del panorama nacional. Por este motivo, entró en acción “Lo que te hace grande” y “Un día en el mundo”, dos canciones de sus anteriores álbumes con las que se metieron al público en el bolsillo.

Tras ello, la banda supo intercalar de manera continua una canción del nuevo trabajo con algún que otro clásico. Y así es como aterrizó un conmovedor “Cuarteles de Invierno” que, con su particular tintineo inicial, corroboró el poderío del reciente disco de la banda.

Y por si acaso alguno de los allí presentes no estaba conforme con los temas ya presentados, “Maldita dulzura” y “Mapas” conquistaron a los todavía indecisos en el ecuador del espectáculo. Entre ambas llegó rompedora otra de sus nuevas canciones, “La grieta”.

Vetusta Morla en Riviera

Es bien sabido que las letras de Vetusta Morla van más allá. Muchos dicen que no se les entiende y son indescifrables (lástima por ellos), pero la verdad es que si por algo se caracterizan cada uno de sus temas es por su gran trasfondo.

Las metáforas, las paradojas y los diferentes juegos de palabras se convierten así en poderosas armas para declararle la guerra a los sistemas que desde arriba nos controlan. Criticas sociales, políticas, económicas, culturales, etc. que afloran a través de cada una de sus letras, y que no dejan indiferente a nadie.

El ejemplo más claro se vio en el tema “¡Alto!”, donde Pucho hizo un claro guiño a los desahucios y a todas aquellas personas que se empeñan en dejar a familias en la calle. Y así lo reflejaba su letra: “Visten uniformes de alquiler, crean confusión;
tienen un encargo”.

La segunda parte del concierto comenzaba a tomar forma, y con ella la interpretación de uno de sus signos de identidad: “Copenhague”. Los asistentes clamaron aquello de que “dejarse llevar suena demasiado bien” en uno de los momentos más emocionantes del concierto. Instantes después llegó el turno de “Las salas de espera” con la cual se demostró que, en este último álbum, la banda busca sonidos más directos y prefiere dejar atrás las atmósferas tenues a las que nos tienen acostumbrados.

Otro clásico hizo su aparición: “Valiente”, en el cual un Pucho danzante desplegó todo su carácter en el escenario, dejando al público con la lengua fuera. Y entonces, en ese preciso momento, cuando parecía que las fuerzas flaqueaban, llegó un enérgico “Tour de Francia”, que se encargó de hacer estallar a los cientos de asistentes. Quedaba poco para el descanso pero aún quedaba energía suficiente para dar y tomar. Dos temas más: uno antiguo y otro recién salido del horno, a cada cual mejor: “La cuadratura del círculo” y “Fiesta mayor”.

La pausa llegó, y con ella el recinto entero empezó a pedir a gritos Saharabbey Road para la ronda final. Sin embargo, la banda no atendió a las peticiones de sus fans, quienes durante los tres conciertos consecutivos habían insistido en que esa canción formase parte de la setlist. Gran fallo.

El sexteto madrileño cargó las pilas y salió con fuerzas para afrontar la recta final con cuatro canciones que servirían de broche para un espectáculo de los pies a la cabeza. “Una sonata fantasma” fue la encargada de romper el hielo, siendo la última canción que faltaba por interpretar de este nuevo trabajo.

Después “Sálvese quien pueda” fue la responsable de dejar sin aliento a un público que acababa de recobrarlo y que poco tardaría en perderlo. Ya casi para acabar, la reivindicativa “El hombre del saco” hizo su aparición. Curiosamente, fue “Los días raros”, canción con la que abrían su anterior gira, la que puso punto y final a una noche muy especial.

Las luces se encendieron, y los seguidores no se dieron por vencidos en su intento de que la banda tocase Saharabbey Road para poner la guinda al pastel. El concierto había acabado pero sus fans no se rindieron. Los tarareos no cesaron durante aproximadamente quince minutos, pero no hubo suerte y los asistentes empezaron a vaciar la sala con una sensación un tanto agridulce. Aún quedan dos conciertos pendientes en la capital, por lo que ya veremos si en esta ocasión se animan a ampliar el repertorio y complacer así a sus fieles admiradores.

Por su parte, todo este espectáculo no tendría sentido si no se hiciera referencia al discurso que manifestó Pucho, en el cual dejó patente el verdadero significado del álbum. En él hizo una llamada a los diferentes tipos de derivas, haciendo hincapié en que no hay que tener miedo a lo desconocido. Sin duda, un alegato esperanzador en el que interpretó ese alejamiento como una transformación necesaria en lugar de como una pérdida del rumbo.

En definitiva, una velada en la que la buena música triunfó por méritos propios. Y es que, cuando la música sale de dentro se crean ambientes tan mágicos como los vividos en cada uno de sus conciertos en la Riviera.

Escrito por Laura García-Barrios

Foto | Wilma Lorenzo y Iram Martínez